lunes, 13 de diciembre de 2010

Manifestaciones Kitsch, en la fiesta brava

Kitsch se define como la exaltación del mal gusto. Y es necesario tener la suficiente sensibilidad para poder apreciar su magnificencia como expresión de una idiosincracia. Y es que los mexicanos somos Kitsch por naturaleza. Nos encanta lo recamado, lo que tiene foquitos, el perrito que mueve su cabecita en el tablero del coche, la imagen del Cristo hecho con holograma que abre y cierra los ojos, en fin, somos grandes exponentes de este arte único y admirado, del cual me ocuparé con mayor profundidad en otra ocasión ya que me encanta.
Pero, el atuendo que sacó ayer el joven Arturo Saldívar, no tiene parangón.
Yo tenía mucha expectación por ver al muchacho, pero mi curiosidad se fue al suelo en el instante mismo en que salió por la puerta de cuadrillas para hacer el paseíllo. ¿qué no han sido suficientes festejos los que hemos tenido con ocasión del Bicentenario? ¿Pos que no te enteraste que hubo un desfile conmemorativo el 15 de septiembre y que ahí hubieras lucido rete ufano tu tacuche con sus águilas reales mientras levantaban al Coloso? ¡Mijo! ¿En qué cabeza cabe, si es que cabe vestirse así? ¿En la México? ¿La tarde de tu confirmación?. El chamaco parecía monografía de niño héroe. Decían por ahí los “enterados”, que qué traje tan original, cuánta prudencia. Decían también que el público estaba frío con el… ¡pos si no dijo gran cosa con su toreo! ¿Qué quieren? ¿Que le traigan mariachi aprovechando tanto patriotismo? Eso si, el muchacho se le ve seguro pero es mucho show pa’ mi gusto. La estocada, por cierto trasera, le valió calentar el ánimo del público y le dieron una orejita.

Y como no me gusta mezclar lo inmezclable… de Castella y su faena trataré en otra entrada.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El Rey ha muerto… ¡Viva el Rey!














5 de diciembre 2010

5ta Corrida de la Temporada

Toros: Campo Real

Eulalio López El Zotoluco
Miguel Ángel Perera
Octavio García El Payo

Los mexicanos somos gente de tradiciones y arraigos, nos pasa con nuestra tierra, con nuestra comida, con nuestras costumbres, con nuestra música, y también cuando adoptamos a un ídolo, nos cuesta trabajo cambiarlo por otro.
Hablo de mi caso particular. Desde que vi por primera vez a Enrique Ponce, decidí que era mi torero favorito y lo seguí, como mi número uno por años, pese a lo predecible que ha llegado a ser. Sin embargo, siempre  traté de reconocer el mérito de otros y mantuve el interés por otros, pero nunca desbancando al valenciano.
Creo que llegó la hora de soltar, de dejar ir. Gracias Ponce por los momentos que me hiciste vivir y las faenas que me hiciste gozar, ahora, doy vuelta a la hoja y le pongo nuevo nombre al capítulo.
El domingo 5 de diciembre, Perera acabó por convencerme, si es que no lo había hecho desde la anterior tarde.
Repito lo que dije en la crónica anterior de Miguel Ángel Perera, me encanta porque es un torero serio, sin aspavientos, creativo, valiente e inteligente, que no necesita más mercadotecnia que su quietud, su valor, su arte y su cabeza.
Con el capote, inconmensurable, variado, valiente y con una quietud asombrosa.
Con la muleta, lento… no se puede más lento.
Es un torero demasiado grande, como para que el público mexicano todavía no entienda que hay que ir a verlo. Yo no más no fui porque de verdad me queda un poquito retirado, pero si no, ahí hubiera estado echándole mis claveles colmados de besos.
Con ese hombre en el ruedo, no puede haber tantos lugares vacios.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Una tarde de intensa lentitud y sobrada inspiración


4ta Corrida Plaza de Toros México
Humberto Flores. Alejandro Talavante. Mario Aguilar.
Ganadería: Julián Handam

Esta corrida fue la constancia de que los artistas crean para sí y, quienes se encuentran presentes en ese momento deben sentirse privilegiados (específicamente en una expresión de arte tan efímera como la tauromaquía).
El tendido de la plaza México esta tarde lució prácticamente vacío; si la gente hubiera sospechado lo que se iba a perder, hubiera abarrotado el numerado.

El común denominador en los tres matadores que hoy alternaron, cada uno en su momento y bajo las circunstancias que les tocaron en suerte, fue una gran dosis de lentitud y de temple.

Humberto Flores -¿qué nostalgias traes dentro matador, que cada vez que te veo se me oprime el alma?-.
A Humberto lo he visto muchas tardes, y esta vez ha sido la que más me ha gustado, hablo específicamente de una templadísima tanda de derechazos a media altura que dio a su segundo toro, sólo fue eso, pero me encantó.
Mario Aguilar. Su mejor momento: con el capote en el primero de su lote. Aquí fue donde la lentitud se apoderó de este torero en unos lances acompasados y unas lucidas chicuelinas.

Y la parte cumbre de la tarde, Alejandro Talavante.
Este joven torero de Badajoz es una rara mezcla entre valor, arte, inspiración, frescura y sorpresa. Es diferente a todos.
Su principal característica: Impredecible. Y tiene unos detalles de arte, mezclados con absoluto desenfado que encandilan. En su primer toro, con el capote remató con una larga que se quedó en la retina, son precisamente esos detalles imborrables, los que hacen eterno a un torero. Igualmente en su primer toro ya con muleta, dió un pase de pecho larguísimo, nunca había visto uno tan lento. Sus cambiados de mano con un sentimiento bárbaro, desdenes y un sinfín de suertes, era como el Manual para Improvisar frente al Toro.
No es el torero más estético, pero tiene cosa.
Cómo estaría la gente de entregada, que pese a las enormes fallas con el acero, en su primer toro dio una vuelta al ruedo y en el segundo fue muy ovacionado.
Vamos a ver si la próxima vez que lo anuncien, los tendidos lucen tan vacíos como esta tarde.

domingo, 21 de noviembre de 2010

¡Que nos devuelvan a nuestro Cejas!


21 de Noviembre 2010
Tercera corrida de la Temporada Plaza de Toros México

Fernando Ochoa
Sebastián Castella
Arturo Macías El Cejas
Toros de Xajay

De Fernando Ochoa que más se puede decir… un torero que aparentemente lo tiene todo, quizá lo único que le falte sea corazón, lástima. Estuvo bien, como siempre. Con el capote es como más me gusta, pero no me arrebata. Con la muleta, va cuajando una tanda y justo cuando parece que se acomoda, remata. ¿Por qué lo haces? ¿... Si ya le habías agarrado la distancia… si estabas templando al toro…? ¿Qué te cuesta dar otros tres muletazos y luego rematas? ¡Que ansia!
Los toros, cuatro de ellos fueron muy buenos, ¿qué más necesitan estos toreros para cuajar faenas de época? Toreros con todas las tablas, con arte, con técnica, la gente los quiere, los espera. Es imperdonable no haber dado hoy una tarde memorable de toros.
Lo que más me gustó fue lo realizado por el francés Sebastián Castella. Muy quieto. Muy artista. No se mueve y logra emocionar al público con su valor y arte. Pincha, pero todo lo compone con un desdén que cala. Recibe una oreja. Sin embargo y con todo esto, lo he visto mejor y creo que pudo haber dado más. En el otro toro, que no era tan bueno como su primero, valiente, con detalles de gran arte, empeñoso, con convicción, pero, insisto, pudo haber estado mejor.
Yo me declaro admiradora incondicional de El Cejas. Me encanta su personalidad, su carisma, su valor y su entusiasmo. Se que será la figura número uno de México. Sin embargo, hoy no fue su tarde. No se si las cornadas en España lo desmotivaron, anda chipil, no se halla o qué le pasa. Pero éste que vimos el domingo, no es mi Cejas. Su primer toro tenía mucha calidad. Tuvo momentos buenos, cosas de mucho valor, pero no acabó de redondear ni una tanda. Cualquiera tiene una mala tarde, no es tampoco para perder la fe que tenemos en el muchacho.
Para los toros que salieron y para los toreros que torearon, fue una tarde que debió haber sido para la historia, y sin embargo, la echaremos al cajón del olvido.

Darle de beber al alma… para que no muera de sed


Quizá sea ésta la consigna de los alternantes en un festival taurino.
Aquellos que participan lo hacen por el simple pero complejo gusto de vivir su pasión. Un festival es la excusa perfecta para, aún en el retiro, seguir absorbiendo esa dosis de miedo que da sentido a la existencia.
El pasado viernes 19 de noviembre, en la Plaza de Toros Cancún, vimos a cuatro toreros, unidos por dos causas en común, la primera, colaborar con la Fundación Ciudad de la Alegría y la segunda, saciar su sed de emoción y de riesgo.
La fiesta empezó con el arte. Manolo Espinosa Armillita con su novillo Pancho López, demostró al público con su toreo sobrio, que tiene tanto aroma, como los buenos vinos. Como testimonio están sus parones y esos lances llenos de solera. Sus mandiles y la imagen imborrable de ese recorte. Y con la muleta, un desdén de pintura. Para conectar con el tendido hay que empezar por gustarse a sí mismo, y este torero se gustó.
Luego, el encuentro de dos maestros, Eloy Cavazos y Eulalio López El Zotoluco.
Cavazos. Este carismático regiomontano, como siempre, entregado a su faena, a su público y a su causa. Toreando a un hermoso castaño de nombre Bonbón. Acertó al primer viaje para llevarse dos orejas.
Zotoluco demostró su maestría desde el inicio de la faena, observando, entendiendo al toro, y haciéndose de él. Prefecta armonía entre técnica y arte, sobre todo con ese cambiado de mano. Su toro, Bonito, embestía con gran nobleza por ambos lados. Entre cambiados por la espalda, pases del desdén, templados derechazos y naturales fue embelesando al público, quien le correspondió gritando… ¡torero, torero!. Con este nivel de ebullición en la plaza, lo de menos es la ortodoxia con la espada. Cortó orejas y rabo para, al final del festejo, salir a hombros con Eloy por la Bonampak.
Fernando Ochoa toreó a Triunfador, al que le faltó un poquito de emotividad y de fuerza. Ochoa tiene mucho arte con el capote y lo demostró con sus lances y sus Chicuelinas, sobresaliendo la tercera de ellas, ejecutada con gran lentitud. Su brindis fue para Eloy Cavazos.
Un gran festival taurino para una gran causa, con una organización impecable, toreros entregados, ganado que embistió con gran calidad y un público que correspondió con su entusiasmo.
Un especial agradecimiento a la empresa de la Plaza de toros de Cancún por darme la oportunidad de ser parte de su equipo.

Publicado en Novedades Quintana Roo.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Perera, un torero para sí mismo



Domingo, 14 de noviembre, 2010
2da Corrida de la Temporada

Manolo Mejía
Miguel Ángel Perera
José Mauricio

Ganadería de Los Encinos

Manolo Mejía empeñoso, pero con la fama que tiene de maestro de la técnica, pudo haberles hecho faenas adecuadas a las condiciones de sus toros.
José Mauricio, sin saber qué hacer.

Miguel Ángel Perera
De las cosas que más me molestan en la vida, es el protagonismo, personas revestidas de oropeles, con actitudes sobreactuadas para llamar la atención que de otra manera no pueden. Se da en todos los ámbitos. Cuántas veces no hemos tenido que convivir con aquellos que quieren ganarse las palmas fácilmente, los que se adornan más de lo que se emplean. En la fiesta brava abundan este tipo de personajes, que invierten más tiempo dejándose ver, con actitudes fuera de lugar y toreando más al público que al toro.
Por eso, cuando nos topamos con alguien que es totalmente lo contrario, es una bendición. Este domingo tuvimos la enorme fortuna de ver a un torero que es ejemplo de serenidad, empaque, inteligencia y valor.
Miguel Ángel Perera es un torero muy serio que torea primero para sí, y lo hace con tanta verdad, que no necesita nada más para conectar con el público.
Me encanta este tipo de personalidades, que se bastan a sí mismos y se abandonan a su quietud, su oficio y su arte, atendiendo su necesidad personal.
Es un torero muy alto, y no por eso pierde la estética ni se “ajoroncha”, como diría mi maestro. Su toreo es muy ajustado y muy templado, saliendo de cada suerte sin mayores aspavientos ni excesos, porque lo que tenía que demostrar, ya lo demostró… y frente al toro.
A diferencia de otros toreros que en ocasiones están con cara de extrañamiento esperando que el juez les conceda un trofeo que no se han merecido, este torero, con gran modestia y discreción, se mete a su casaquilla la oreja que sobradamente se ganó; que distancia tan grande existe entre este gesto o arrojarla a los tendidos, haciendo alarde de este acto, como lo hace la mayoría, más por lucimiento que por convicción.
Perera, un torero con mucha cabeza y con las zapatillas bien plantadas en la arena. Un torero que no vende mentiras, porque su verdad es muy grande… 

martes, 9 de noviembre de 2010

Hambre y Sabiduría


… Y sigo yo pensando en las imágenes que me quedaron de la corrida inaugural en la Plaza México.
Específicamente El Payo, saliendo de la enfermería, tras el fuerte arropón; con esa palidez, esa inevitable transparencia, que no sólo fue de rostro, fue de alma, fue de vocación, fue de convicción. Un muchacho entregando su vida a cambio de un sueño.
Y en contraste, ese torero inalterable, reposado y abandonado a su arte, Enrique Ponce, que torea con una naturalidad tan sobrada, que por momentos olvidamos que está frente a un toro.
Un mano a mano de hambre y sabiduría, la segunda se adquiere… con la primera se nace.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Abriendo la temporada… un torero con hambre de ser


La inauguración de la Temporada 2010-2011 en la Plaza de Toros México resultó impredecible.

Cuando creíamos que iba a ser una tarde de orejas para todos, resultó una tarde complicada para los toreros por el mal juego del ganado.
Y es que como dicen, pa’ bailar un tango se necesitan dos… y los toros de la ganadería de San José fueron difíciles, y la voluntad a veces no es suficiente para calentar al público, que hizo una excelente entrada.
El primero de Eulalio López El Zotoluco por el derecho no era malo, pero por el izquierdo no tenía un pase.
Tras una estocada caída mató de un descabello. En su segundo, estuvo muy mal con la espada y escuchó un aviso.
Para nadie es novedad que Enrique Ponce siempre le puede a los toros y nos brinda momentos de exquisita belleza. Este domingo me encantó cuando soltó la punta de su capote para dejar colocado al toro en el caballo. Sus chicuelinas muy bajas. Que bonito se dobla, quiebra la cintura, sus cambiados de mano dibujaditos. Lo hace ver tan fácil. Espera al toro y mientras, dialoga con el público. Todo lo oye y todo lo ve.  Me gusta mucho, a pesar de sus despatarramientos que a mi juicio, no le hacen falta. Lo que si me sorprendió fue que se enojó porque no le dieron oreja. Pus si no es kermés, no hubo petición mayoritaria, mató mal, estuvo muy bien, pero se necesita más para llevarse una oreja.
El Zotoluco en su empeño por lucirse en este reencuentro regaló un toro de la ganadería de Jorge María que fue muy bueno, con recorrido y muy fijo. Tras una estocada trasera cortó una oreja.
Con todo esto, Octavio García El Payo sabía que tenía un paquete muy grande en esta apertura de Temporada, alternando con dos figuras que no se dejan comer el mandado. Y demostró sobradamente su hambre de ser. Su primer toro fue manso, el torero tenía que ir detrás de él en cada muletazo. El segundo lo protestaron al salir y así la gente no le toma nada en cuenta a un torero. Mientras el toro se caía, la gente se empezaba a salir de la plaza.  Ante esto, el muchacho anunció un regalo.
Fue de Santa María de Xalpa. Un toro enrazado que embestía de largo. Lo castigaron muy poco. Inició su faena en los medios con dos emocionantes cambiados. Muy valiente. En un muletazo el toro hizo por él y cayó horrible. Estuvo muy feo. Fueron momentos de angustia entre que se lo llevaron a la enfermería y salió de nuevo. Qué valor y agallas… ¡Qué hambre de ser! ¡Salir después de esa caída y esa zarandeada! Volvió todo desmadejado y pálido. Mató de estocada entera cortando dos orejas muy merecidas.
Hay pero la gente cómo es imprudente, ahí está el chamaco a punto del desmayo y todavía lo quieren entrevistar y cargar en hombros, ¿pos qué no lo están viendo? Apenas pudo agarrar sus orejas y caminar de vuelta a la enfermería.
Este muchacho tiene un hambre y un valor únicos.

Ya de salida le chiflaron a Ponce. ¿Por qué? Si estuvo muy bien. No cortó orejas pero no es pa’ que le chiflen. 

domingo, 31 de octubre de 2010

¡Ya casi!

Está a punto de dar inicio la Temporada en la Plaza de Toros México. El Zotoluco vuelve tras varios años de ausencia, por lo que se espera venga a echar toda la carne al asador. Enrique Ponce que, aunque predecible, siempre lo esperamos con gusto y El Payo, una esperanza que esperemos no se malogre entre el toro, las fiestas y las estrellitas de la farándula (tan bonita pareja que hacía con la Belinda). Va a estar interesante, no se la pierdan y después nos vemos aquí para hacer los comentarios.
Lo que me llama la atención, y es importante recalcarlo es el horario. Empieza, según se ve en el cartel a las 4:30. No se por qué han decidido cambiar la tradicional hora de inicio, pero bueno, tendremos más tiempo para digerir los tacos de cecina y de chile relleno de afuerita de la plaza.
Mientras les comparto un nuevo blog, trata de cositas que se ocurren de repente, o frases que uno oye por ahí... en fin, veánlo y si les gusta, ¡pus síganlo!
duendedeluna.blogspot.com

domingo, 26 de septiembre de 2010

Mi gusto es…


Cuando tomé la decisión de hacer la versión impresa de los apuntes realizados para el blog “Obispo y Azabache” jamás imaginé las enormes satisfacciones que me daría.

Personas muy queridas me convencieron argumentando que no todos los taurinos se metían a ver blogs y que además, valía la pena tenerlo impreso.

A fin de cuentas, y a manera de un mero capricho personal, “pos que lo imprimo”, en un tiraje, que por su cantidad, llamaría yo, íntimo.

El primer y gran honor fue el prólogo.

Durante muchos años he admirado sinceramente a un personaje que para mi es el máximo exponente actual de la crítica taurina en México. Un hombre siempre fiel a sus argumentos y siempre congruente con ellos.

No me alcanzan las palabras, además de que se quedan muy cortitas ante las de él, para agradecerle al Señor Leonardo Páez (¿La Fiesta en Paz?, Periódico La Jornada) el texto que da inicio a esta publicación. El prólogo en sí valió la edición.

También agradezco a todos los taurinos que lo han recibido con gusto, algunos me han dedicado palabras realmente lindas, las cuales me motivan para seguir haciendo estas entradas.

Esta edición me ha dado también la oportunidad de conocer gente nueva, en mi afán por hacerlo llegar a más lectores. He conocido personas afines a mi en el gusto por la tauromaquia, totalmente escasas en el lugar donde vivo, en el que pensé que yo era la única.

Un agradecimiento muy especial al Señor Oscar Cadena por la invitación que me hizo a su programa de televisión EnCadenaTV para presentar mi publicación. Fue una gran sorpresa y un gran honor para mi estar ahí, platicando de este tema al cual amo profundamente.

En fin, que lo que pensaba yo que era un simple gustito para compartir con los amigos, se ha convertido en un gustote para compartir con los amigos de siempre, los nuevos amigos y los que surgirán.

Pero a las dos personas a las que más les agradezco el apoyo en todo y el apoyo de siempre son a mis amados Carmen y Curro, mis incondicionales cómplices en cada una de las aventuras en las que me embarco.

Sin ellos, sería imposible que en este momento, estuviéramos en diálogo, yo, Luna Turquesa, y tu, mi lector.

No dejen de leerme en esta próxima temporada que ya casi comienza:

Temporada Grande Plaza México 2010 – 2011, ya que ahora más que nunca estaré encantada de hacer la crónica de cada una de las corridas, mientras exista alguien del otro lado que quiera leerme.

viernes, 9 de julio de 2010

El Libro Negro

Parte II.

Conversación ficticia con Federico García Lorca.

Continuamos.

Conversación 38

COLOQUIO CON GARCIA LORCA

(O DE LAS CORRIDAS)

Madrid, 8 de abril.

“El hombre debe matar los elementos taurinos que hay en él: la adoración de la fuerza muscular agresiva y de la fuerza erótica, igualmente agresiva.

La corrida es la representación pública y solemne de esa victoria de la virtud humana sobre el instinto bestial. El torero, con su inteligencia pronta y despierta, con la ligereza de los movimientos rápidos y elegantes de su cuerpo, supera, vence y da por tierra con la masa membruda, ciega y violenta del toro. La victoria sobre la bestia sensual y feroz es la proyección visible de una victoria interior. Por lo tanto, la corrida es el símbolo pintoresco y agonístico de la superioridad del espíritu sobre la materia, de la inteligencia sobre el instinto, del héroe sonriente sobre el monstruo espumajeante o si prefiere, del sabio Ulises sobre el cruel Cíclope. Así pues, el torero es el ministro cruento en una ceremonia de fondo espiritual, su espada no es otra que el descendiente supérstite del cuchillo sacrificial que utilizaban los antiguos sacerdotes. Y así como también el Cristianismo enseña a los hombres a liberarse de las sobrevivencias bestiales que hay en nosotros, nada hay de extraño que un pueblo católico como el nuestro concurra a este juego sacro, aun cuando no comprenda con claridad la íntima significación espiritual del mismo. Se podría recordar también que el rito inicial del antiguo culto de Mitra, aquella religión que en un cierto momento amenazó el triunfo del Cristianismo, consistía en el sacrificio del toro: el taurobolio. Si los humanitarios y puritanos extranjeros, que habitualmente están dotados de inteligencia más bien estrecha, fueran capaces de profundizar el verdadero secreto de la tauromaquia, juzgarían de una manera muy diversa a nuestras corridas”.

El amigo español se levantó y abrazó a García Lorca. También yo, aun cuando no diera muestras externas de entusiasmo tan expresivas, reconocí que su ingeniosa y paradojal teoría era merecedora de una atenta meditación.

domingo, 4 de julio de 2010

El Libro Negro


Parte I.

Siempre han existido y existirán detractores de la Fiesta Brava, y también personas curiosas que cuestionan a los taurófilos acerca de la justificación para que la fiesta siga existiendo.

Cada uno de nosotros con palabras, conocimientos, gusto y pasión por esta fiesta tratamos de dar una explicación que resulte convincente, y ésta, llega a ser tan trillada, que muchas veces preferimos cambiar de tema porque no se trata de convencer a nadie o de convertir a nadie.

Sin embargo, llegó a mis manos un fragmento de “El Libro Negro” de Giovanni Papini, autor italiano nacido en Florencia en 1881, y me pareció de una belleza, profundidad e inteligencia tal, que bien vale la pena compartirlo.

Se trata de una conversación ficticia con Federico García Lorca, en la cuál, el poeta plantea su perspectiva acerca de la Fiesta de los Toros.



Conversación 38

COLOQUIO CON GARCIA LORCA

(O DE LAS CORRIDAS)

Madrid, 8 de abril.

Fui ayer a la Plaza de Toros, y un amigo español que me acompañaba me presentó a un joven de aspecto genial y viril que se llamaba García Lorca, y es ya famoso aquí y en América como poeta y pintor. Me causó una bellísima impresión, incluso por su orgulloso ánimo salvaje, y concluida la corrida fuimos los tres al Café del Pombo. Como sucede frecuentemente en este país, la conversación versó acerca de la tauromaquia, y quise saber de labios de García Lorca qué pensaba de los extranjeros dispuestos a ver en ese juego sangriento una prueba de crueldad del pueblo español, y el joven poeta me respondió:

- “No todos los extranjeros son tan imbéciles, pero la mayoría de los que vienen son simultáneamente atraídos y asqueados por el espectáculo de nuestras corridas. Esto depende en gran parte de que son viajeros filisteos, y aun cuando sean personas cultas carecen de verdadero espíritu poético. Estoy escribiendo un poema sobre Ignacio Sánchez Mejías, uno de nuestros toreros más famosos, y espero hacer comprender la belleza heroica, pagana, popular y mística que hay en la lucha entre el hombre y el toro. Pero creo que nadie ha sabido explicar a los extranjeros el contenido profundo, sublime, y hasta diré casi sobrehumano, del sacrificio taurino.

La corrida, en sí, a pesar de sus acompañamientos acrobáticos y espectaculares, es en realidad un misterio religioso, un rito sacro. Con sus acompañantes o acólitos, el torero es una especie de sacerdote de los tiempos precristianos, pero al que el Cristianismo no puede condenar. ¿Qué es lo que representa el toro en la conciencia de los hombres?, la energía primitiva y salvaje, y al mismo tiempo la ultrapotencia fecundadora. Es el bruto con toda su potencia oscura; el macho con toda su fuerza sexual.

Pero el hombre, si quiere ser verdaderamente hombre, debe disciplinar y conducir la fuerza con la inteligencia, debe ennoblecer y sublimar el sexo con el amor. Le corresponde matar en si mismo la animalidad primigenia, vencer el porcentaje de bruto que hay en él. Su antagonista más evidente en su voluntad de purificación, es el toro".

(Continuará…)

martes, 15 de junio de 2010

Para reconocer nuestros miedos… se requiere mucho valor


Cuántas veces no hemos presenciado escenas de novilleros o matadores de toros que bailan más que en un tablao flamenco frente al toro, y siguen por ahí dándose aires de figuritas.

También hemos sabido de varios pseudo toreros, cuya verdadera vocación es la vagancia, que siguen pregonando "que esta si va a ser mi temporada, y que ora si nomás que me den una oportunidad la voy a armar, que nomás porque no me ha salido el toro a modo…" y todo esto mientras sus padres o padrinos alcahuetes trabajan a brazo partido para que el muchachito, que en la mayoría de los casos ya ni tan muchachito, siga sin oficio ni beneficio cuando probadamente sabe que no tiene cualidad alguna para andar en esto.

Por eso, que este domingo 13 de junio, en la segunda novillada de la temporada 2010 Christian Hernández haya aceptado, previa espantada con respectivo clavado al callejón, que tenía miedo y por eso se retira, tiene su mérito.

Dejará de engañarse como tantos otros y dará un giro a su vida, se dará la oportunidad de hacer algo que realmente disfrute.

Esto del toro es cuestión de una enorme vocación, ya que va en juego la vida misma. Y el miedo que se siente, no se debe sufrir, es un miedo a voluntad, es un miedo por disfrutar, que debe traducirse en entrega, pasión y arte.

Si no es así, lo más sabio, es hacer lo que hizo este muchacho, lástima que lo hizo en la Plaza México, donde otros muchos que si tienen con qué, sueñan torear, y frente a un público incondicional que pese a la lluvia, pagó un boleto para verlo. Es como ilusionar a la novia, y ya el día de la boda, dejarla plantada en la iglesia… pudiendo haber terminado desde antes esta relación.

En fin… que me acordé de aquel poema del Maestro Benítez Carrasco que termina así…

Era sólo que, ante el toro,

¡y con razón!

se acordaba de la vida.

"Pero" ¿miedo? ¡No, señor!

martes, 11 de mayo de 2010

La Historia Sin Fin


La Otra Cara de la Fiesta en México

Quinta Entrega

Quien considera a Gabriel García Márquez, uno de los máximos exponentes del realismo mágico, es que nunca ha conocido a mi querido maestro.

Conocí a Jorge González “Pastelerito” gracias a mi ocurrencia de aprender a torear.

Este personaje es amigo de mi padre desde hace mucho, entrenaban juntos con el maestro Fajardo y vivieron un sinfín de aventuras taurinas, después, por azares de la vida, perdieron contacto, para más tarde, volverse a encontrar en el camino.

Cuando le transmití a mi papá mi inquietud de aprender, me llevó con Jorgito, quien tenía fama de excelente maestro en el arte de los toros. Y no se equivocó.

Mi maestro tiene una forma de transmitir sus conocimientos llena de gracia, en la que intercala historias fascinantes junto con técnica, arte, buenas maneras y demás detalles que hay que saber, si se tiene pretensión de andar por el mundo de los toros, sabiendo estar.

Lo que yo aprendí a su lado es inmedible. Aprendí desde cómo rodarme adecuadamente sobre la arena si un becerro hechaba mano de mi, cómo dejar de caminar como “Chencha”, cómo sacar un patrón de costura de un saco de cemento, hasta como hacer un tabique para construir una casa. Además por supuesto, de todas las suertes del toreo, técnicas para salir bien librada ante cualquier tipo de embestida (ya si las apliqué o no, no es culpa del Maestro), historias de toreros, hasta historias totalmente increíbles.

Recuerdo una aventura que contaba el maestro. En una de sus correrías taurinas, por el sureste de la república. Hacía tanto calor, que se metió a nadar en un rio, cuando de repente, se percató de la presencia de varios cocodrilos que lo observaban con ganas de echarse un taco. El, ni tardo ni perezoso se hizo de dos palos, uno para cada mano. Así , continuó nadando y retando a los cocodrilos que no hallaban la hora de acercarse para soltarle la mordida. Cuando el momento llegó, éste les metió las improvisadas estacas y al cerrar la boca, se causaron un daño mortal. Esta suerte la hacía a dos manos, ya que le embestían tanto por el derecho como por el izquierdo. No se si esta aventura la leyó en alguna edición de Chanoc, pero a mi me gusta pensar que fue cierta.

Y como ésta, muchísimas historias, pero lo mejor es la gracia con la que las cuenta, por eso, cuando vi la película de “El Gran Pez”, lloré tanto, porque era la historia de Jorgito.

Pastelerito tiene un entusiasmo que no le cabe en el cuerpo, y esto es, desde que enseña a un discípulo a torear, tiene la plena convicción de que será figura del toreo y de que es un torero con cualidades diferentes, con un arte quintoescenciado. Y es que así es como se debe hacer todo.

Y su casa…. es digna de formar parte de un tour de “Lugares que debes ver en la ciudad de México”. Vive en una zona totalmente pedregosa, el terreno donde se enclava su casa tiene un sinfín de recovecos que él ha sabido aprovechar de forma por demás barroca-morisca.

Hasta abajo está su patio andaluz, con un nicho destinado a la Virgen de Guadalupe, y es ahí donde suceden las fiestas de quince años más memorables, con chambelanes mejor que profesionales.

La característica más importante de esta casa, además de su arquitectura totalmente creación de mi maestro, es que el hecho de verla un día terminada, es lo que le da vida y motivación a Jorge, y al mismo tiempo, yo pienso que en sus planes está nunca terminarla, porque entonces, se le acabará ese motivo de vida.

De los personajes a los que he tenido la fortuna de conocer, a este le guardo un lugar muy especial en mi corazón. Me enseñó muchísimas cosas, pero sobre todo, el entusiasmo por la vida y por cada pequeña cosa que se hace.

Lo que yo pueda decir de “Pastelerito” se queda corto en este escrito, que más bien podría ser la contraportada de ese libro que alguien tiene que escribir un día.

Gracias Maestro Jorge por cada lección de toreo y de vida.

lunes, 26 de abril de 2010

Romance del Príncipe y la Dama


(Para José Tomás y su Eterna Enamorada)

¿Qué cómo fue que empezó este amor?

Quizá fue en ese primer contacto

Cuando el no pudo desprenderse de su olor

No fue capaz de olvidar su sombra

Y se resistió a substituir con cualquier otro licor

la embriaguez que ella le causó desde que la sintió.


Ella, esquiva pero coqueta

Rondando cerca, muy cerca,

Lo reta, lo tienta, lo toca,

… y se va


Juegan a enamorarse, y nunca comprometerse

Disfrutan su cercanía, sus mutuos alientos

Se llenan del aroma de lo incierto


Y cuando se sienten totalmente expuestos

… se aman con la convicción de la última vez

y desvastados se dejan, para no volverse a ver


Hasta que esa espera se convierte

en un trance insoportable, agudo y doloroso

Y entonces se citan de nuevo, en su lugar favorito


Así llevan años de amantes

se ven, se alejan, se evaden

Se esconden, se ansian, se entregan


Y esto, hasta que uno de los dos no pueda más

y se abandone en los brazos del otro

y por fin… ambos se pertenezcan

miércoles, 14 de abril de 2010

Los Aficionados Prácticos, se enfrentan a la muerte, para seguir vivos



La Otra Cara de la Fiesta en México

Cuarta Entrega

El sábado emprendimos el viaje tempranito hacia Apizaco, ya que Daniel Muñoz, ganadero de Zacatepec convocó a una fiesta privada y familiar para un grupo de aficionados prácticos que se juegan la vida sin más recompensa que el riesgo mismo y la incontenible necesidad de expresar lo que traen dentro.

Llegamos por fin al lugar de los hechos y de inmediato se fueron a cambiar los toreros. Desde ese momento ya se sentían los nervios ¿y cómo no?, si estos personajes son admirables. Sin necesidad alguna de jugarse la vida o arriesgarse a un mal golpe, están ahí, con más afición y entrega que muchas “figuritas del toreo”, y sin ganarse un centavo, al contrario, pagando por vivir una vez más esa sensación embriagadora, la del miedo buscado.

En primer lugar salió Luis Miguel Martínez, su novillo no fue una perita en dulce, se revolvía muy en corto, pero el torero en todo momento demostró valor y afición.

El siguiente turno fue para Mauricio Ocampo hijo, quien compartió su animal con su señor padre. Ambos estuvieron extraordinarios, con mucho arte y valor. Mis respetos para Mauricio padre, quien se llevó un feo arropón levantándose sin verse la ropa.

Luego siguió Miguel Cazanueva. Este señor tiene gran carisma, y una afición y valor mucho más grande que él mismo. Su gran bigote le da ese toque Porfiriano tan personal. Su novillito tampoco fue fácil, sin embargo, estuvo muy valiente.

¿Qué va a saber el arte de edades? Si sólo está para atender a la más íntima necesidad de expresión.

El cuarto de la tarde, y sin duda alguna el ejemplar de más calidad, le tocó a Curro de los Reyes, quien nos brindó momentos que tan sólo de recordarlos, se nos hace un nudo en la garganta.

Este legendario aficionado práctico destapó una vez más el pomo de las esencias y nos demostró que es un torero de pellizco. Le sobra afición, inspiración y verdad. Ejemplo auténtico de que el arte no es cuestión de cantidad, sino de calidad.

Su conexión va más allá del animal y el público, es una conexión casi celestial. Un sólo desdén… y se acabó el cuadro. Me impresionó como la gente presente, guardábamos un silencio casi conventual, hasta que surgía el milagro.

Y luego… el convivio.

No faltó la hora de la poesía en la que Belmont y Luis Miguel nos deleitaron con dos bellas poesías del maestro Benítez Carrasco, sin faltar el tradicional ¡Olé! al finalizar cada poesía.

Mi agradecimiento a Daniel Muñoz, el encantador y entusiasta ganadero, quien funjió como picador con una afición desmedida, montado en su mula, que a gritos pide que, en caridad de Dios, le cambien el peto por uno nuevo.

Un día inolvidable, rodeado de personajes de novela.

Vaya mi más grande admiración y respeto por todos los aficionados prácticos, quienes viven la fiesta con más intensidad y verdad que muchos, sin otro fin, que alimentar su espíritu al precio que sea.

martes, 6 de abril de 2010

Dios los hace… y ellos se juntan


La Otra Cara de la Fiesta en México

Tercera Entrega

Cuando decidí el tema a tratar esta semana, consideré que no formaba parte de este serial, y tal vez ni siquiera tenía nada que ver con los toros, pero, a fin de cuentas, esta tanda pertenece a esos personajes que no se ven a simple vista, y a esos momentos que forman parte de su vida y de su quehacer dentro del mundo romántico y anónimo de la fiesta brava o de cualquier menester en el que intervenga la sensibilidad y el arte.

Con motivo de los días de la Semana Mayor, decidí ir a una de las ciudades más bellas de México, Mérida.

Tenía varios pendientes, como visitar museos y librerías. Comer panuchos, papadzules y salbutes a discreción. Caminar por su Paseo Montejo. Meterme a absolutamente todas las tiendas a ver sombreros, hipiles y guayaberas para no al final no comprar nada.

Pero, uno de mis pendientes más fuertes era disfrutar de la trova yucateca que tanto mencionan.

Caminé y caminé buscando quien me diera información de dónde podría yo ir en la noche a escucharla, y todo mundo me recomendaba, que si ya la música grupera, que la pop, que la rock, que las baladas románticas tipo Franco de Vita… y de lo otro… nada.

Y entonces, me di cuenta que con la trova yucateca pasa lo mismo que con la fiesta de los toros, la gente sensible, que verdaderamente la paladea, la siente, la vive y la vibra, está en extinción.

Pero la suerte fue benévola conmigo y de puritita casualidad me metí en un hotelito a echarme un refresquito, y con mi bendita necedad le pregunté al mesero si sabía algo de la famosa trova yucateca… dicho lo anterior me contestó…"Si viene usted a eso de la una de la tarde, se va a encontrar a un grupo de trovadores, de los de a deverás, que usan este sitio como punto de reunión".

Para no verme tan urgida, en vez de llegar a la una, llegué a la una y cuarto. Y ahí estaban…

Doce personas alrededor de una larga mesa, de los cuales tres eran mujeres. Había tres guitarras y mientras uno tocaba, otro cantaba. Y al final, ¡¡todos jaleaban!!

Cuando se acababa la canción, los demás se “peleaban” por cantar la próxima… todos querían que les dieran las tres para pegar unos muletazos… era como ir a una ganadería y estar con toreros ávidos por torear. Una de las damitas entonó una hermosa canción y cuando se paró al baño, un señor ya la había interceptado para que fuera a cantar a un evento… como cuando uno pega unos muletacillos y ya te andan apalabrando para la feria de Chimalhuacán.

De verdad una cosa hermosa, como la gente del toro. Luego llegó un señor muy elegante y todos gritaron…¡Don Héctor! Sólo les faltó el ¡Olé! Y Don Héctor ni tardo ni perezoso agarró una guitarra y se echó una canción.

Y yo los oía hablar de que si tal autor, de que si esa canción la había interpretado por primera vez fulano de tal, y el otro rebatía que la mejor versión era la de Mengano…y entonces pensé… ¿cuántas veces no he escuchado esto pero de diferente temática?… que si la faena de los berrendos de Sto. Domingo de Paco Camino, que si la de Manolo Martínez a aquel de Mimiahuapan… que si nadie como El Ranchero Aguilar… que si yo me quedo con El Callao… y ese tipo de conversación, que en los taurinos, sucede una vez, y otra… y otra… pero siempre lo discuten con la misma pasión que la primera vez… ojalá así fuera el amor… infinito, inaburrible y siempre arrebatado.

Estuve ahí horas y horas, escuchando desde mi barrera de sol.

Mi viaje valió mucho la pena, pero creo que la parte que más disfruté fue a estos toreros, pegándoles derechazos, naturales y trincherazos a esas guitarras y a esas canciones y hablando de trovadores antiguos como se habla de toreros de leyenda.

domingo, 28 de marzo de 2010

La otra cara de la fiesta en México o… más allá del Canal de las Estrellas.


Segunda Entrega

Ser empresario de toros en pueblitos perdidos de México no es tarea fácil.

Es más una cuestión de vocación y amor a la fiesta que una cuestión de negocio.

No recuerdo exactamente cuando conocí a Don Pedro Rodríguez.

Pastorcito en su juventud, Don Pedro era originario del estado de Hidalgo y tenía ascendencia otomí. Menudito, piel curtida por el sol, siempre lucía gallardo, con su gran bigote, su paliacate, su sombrero vaquero y su nariz aguileña.

Vivía allá por los rumbos del Estadio Azteca y de los primeros recuerdos que vienen a mi mente cuando íbamos a verlo era su mascota: un perrito muy curioso llamado Tribilín, afgano de buena cuna que por cuestiones del azaroso destino había ido a parar ahí. Su pelaje en vez de estar perfectamente cepilladito lucía lanudo y descuidado, sin embargo, esto no parecía preocuparle ni al perro ni al amo.

Don Pedro hacía empresa en pueblitos pequeños en todo México.

El espectáculo que más fama le dio como empresario fueron las charlotadas, principalmente con los personajes de Chema y Juana.

También hacía novilladas, vacadas y becerradas y era muy respetado por los torerillos que soñaban con que a partir de un triunfo en esos lares, les abrirían las puertas para torear en mejores plazas.

El se las arreglaba para ir en camión a los pueblos, a las ganaderías , conseguir “cuadrillas”, banderillas, carnicero, banda, hacer la publicidad, darles boletos a los torerillos para que los vendieran, pegar los carteles por todo el pueblo, traer a los vendedores de cerveza y conseguir juez.

Todo esto lo hacía el solito, después de larguísimas jornadas en el campo y en las carreteras. Vale la pena mencionarlo ya que desde que yo lo recuerdo era una persona mayor y su salud no era la mejor.

Nunca había una plaza en forma, siempre era una plaza de vigas, donde algún buen samaritano nos dejaba subir a la caja de su pick up para alcanzar a ver. De no ser así, pues a treparse en las vigas, las cuales siempre se abarrotaban. Todo el pueblo estaba ahí.

Torerillos y cuadrillas se cambiaban entre los coches, así que las mujeres debíamos guardar la debida prudencia y e irnos a ver si ya había puesto la marrana, para no inoportunar.

Del camión bajaban directamente al ruedo los animales (de milagro nunca vi que se saliera ni uno) y de milagro había toros… muchísimas veces el festejo se retrasaba porque no llegaban.

La mayoría de las veces eran animales infumables, que no se dejaban pegar ni un pase o que a veces estaban ya toreados, y los pobres chamacos tenían que vérselas con eso, afortunadamente nunca presencié ninguna escena trágica.

Después de la toreada y de la comida, nos acomodábamos todos alrededor de Don Pedro, quien, siempre con su cajetilla de Faros en mano, procedía a deleitarnos con el número cumbre del día, el cual todos los que siempre lo acompañábamos lo sabíamos de memoria. Recitaba el poema… La Novia del Torero… y lo hacía con tal desgarramiento, que no faltaba al finalizar, un sonoro ¡Olé! Era como ver una película por décima vez, pero que te la vuelves a echar porque te encanta y siempre descubres algo nuevo.

Y ya de camino de regreso, todos cansados y mugrosos, nos arrullaba con su dulce voz cantándonos en Otomí.

Don Pedrito ya se encuentra a la vera del Señor, recitándole poemas y cantándole canciones en su dialecto. Fiesta no faltará ya que el que la organiza está presente.

lunes, 22 de marzo de 2010

La otra cara de la fiesta en México o… más allá del Canal de las Estrellas


Admiro mucho a los estudiosos de los toros, que se saben todititas las estadísticas y han leído todos los libros, aprendido todos los pases (bueno, sólo de nombre), los pelajes, los fierros de ganaderías, los colores de ternos etc…

Valoro, además de todo ese conocimiento, lo que te dejan la vivencias, eso que no te da la Plaza México aunque vayas todos los domingos, o ver todos los programas de toros, o saber el escalafón taurino español, sino la afortunada ocasión de vivir momentos inolvidables en lugares poco populares, o de poco “caché”, como puede ser el caso de rancherías o pueblitos bicicleteros.

Es por eso, que hago la primera entrega de mi serie… La otra cara de la fiesta en México o… más allá del Canal de las Estrellas.

Primera Entrega.

Recuerdo que para mi los fines de semana eran diferentes a los de mis compañeritas de escuela… a mi me daba más emoción ir a una ranchería a presenciar una becerrada o novillada que ir a Reino Aventura a treparme a la Canoa Krakatoa… y es que ¿cómo no? si la aventura comenzaba desde poder llegar al dichoso sitio del evento (que generalmente no alcanzaba la categoría de pueblo). Llegar era ya en sí mismo un logro, ya todos conocemos nuestro hermoso México, donde no existe la señalización, y si es que hay alguna, seguramente está equivocada.

La seguna parte era ver dónde era posible ir a un baño, ahí aprendí que un baño puede ser tan extenso como un sembradío de maiz, y que un rollo de papel en ese momento puede cotizarse más que el Euro.

El tercer logro era ver si había qué comer y aprendí también la gran paz que da (más allá de ir a misa todos los domingos) ser previsor y llevar siempre una bolsita de cacahuates japoneses o chicharroncitos de cerdo, porque nunca sabes a qué hora comerás… o si comerás.

De ahí, todo el milagro subsecuente… después del evento... (que ya tendré ocasión de narrar) venía la gran comilona… ¡qué grande es nuestro pueblo y qué grande es la fiesta!… si vienes con la cuadrilla del torero, siempre hay gente que te abre su casa y que se siente honrada de darte de comer, con todo el lujo que lo permite su condición.

Así comí en infinidad de casas de personas que ese día conocí y que seguramente no volveré a ver, pero, que sin embargo, me brindaron toda su hospitalidad y un lugar de honor en su mesa. No olvido el exquisito manjar que fue probar su pollito en mole, con arrocito rojo y muchísimas tortillitas para llenarnos… y siempre salía una botella de Don Pedro.. que con qué gusto nos la echábamos.

Otras veces el menú consistía en barbacoa con su consomecito, que por cierto duraba la grasa una semana adherida a tu paladar…

Cualquier taquito de tripa era motivo de algarabía… siempre había tequilita, limoncitos y sal, música y amigos… que más podíamos pedir… si algo faltaba, alguien abría su cajuela ¡y listo! ¡seguía la fiesta! Sonaba la banda de pueblo, nos uníamos a la procesión del santo patrono, en fin, momentos que con nada los borro, y que con nada los substituyo.

Y entre todo esto, claro, siempre había esos personajes memorables y entrañables, que hacían posible que sucediera la fiesta y que le daban ese toque de magia y poesía. Los últimos románticos, de algunos me ocuparé en otros capítulos pertencientes a esta serie…

sábado, 13 de marzo de 2010

Lo bueno, lo malo y lo feo


Temporada Grande 2009-2010


Lo emotivo…

La despedida de Manolo Arruza, quien estuvo sereno y reposado, dejando un grato sabor a nostalgia. Para muchos, un banderillero con alternativa, para mi, un torero cumplidor que dijo adiós en una tarde ideal.

Lo que supo a poco…

Enrique Ponce sólo toreó una corrida esta temporada, la tarde inaugural. Nos quedamos con muchas ganas de volver a verlo, aunque fuera una vez más. Porque, aunque tiene muchos detractores, también tiene muchos seguidores en México, que reconocen su arte y valor.

Las esperanzas…

Fermín Spínola, demostró corazón, clase y valor.

Octavio García “El Payo”, se suma a la lista de toreros que nos están devolviendo la esperanza en la baraja nacional.

Mario Aguilar, con hechuras que dejan ver a un torero de gran clase.

José Mauricio, empeñoso y valiente.

La quietud…

Miguel Ángel Perera, quien planta firmemente las zapatillas en la arena y no quita la muleta de la cara del toro.

La precisión…

Jose Mari Manzanares demostró, además de su temple y clase, su precisión para matar a los toros con sus estupendas estocadas en esta temporada.

El Juli también tuvo lo suyo.

El alarde de facultades…

Luciendo muy atlético: El Fandi, ¡qué bonito corre pa atrás!, recorta a los toros y los torea con el cuerpo.

Nuestro gallo…

El Cejas. Siempre dando pelea sin acomplejarse ante los extranjeros. Carisma, valor, entrega y profesionalismo.

Lo Hermoso…

Pablo Hermoso de Mendoza, con su impresionante cuadra de caballos toreros. Nunca deja de sorprendernos con sus impresionantes actuaciones. Logró la mejor entrada de la temporada.

Lo de más arte…

Definitivamente… Sebastián Castella

Lo histórico…

La alternativa otorgada a Hilda Tenorio.

Lo incomprensible…

Corrida de aniversario. ¿A razón de qué ponen a Rafael Ortega, sin ningún mérito para estar presente en tan señalada fecha alternando en un mano a mano con Castella?

El conformismo…

Fernando Ochoa, como siempre, se conformó con “estar bien”…, tras tantos años de alternativa y tanto apoyo.

El egoismo…

El “Principito de Galapagar” me hizo desear con toda el alma que no vuelva a la México, ya que por su culpa, arrogancia, egoismo e ingratitud, los que no pudimos estar en la plaza, no vimos a nuestro querido y admirado Cejas.

De lo que hizo José Tomás… no lo se… no lo vi... y no me importa.

Lo triste…

El fugaz regreso de Miguel Espinoza Armillita.

La actuación de Manolo Martínez hijo.

Lo gris…

Pedro Gutiérrez “El Capea”

domingo, 7 de marzo de 2010

¡Pos esto ya se acabó!


Este domingo en la Plaza de Toros México se dio la última corrida de la temporada.

Con una malísima entrada partieron plaza Humberto Flores, Luis Bolívar y Víctor Mora, lidiando un encierro muy bien presentado de la ganadería de Barralva.


Cuidado con lo que trasmitimos.

Humberto Flores es un torero con muchos años en la lucha. Ha toreado muchísimo. Ha cortado muchas orejas. Ha hecho todo para ganarse un sitio privilegiado en las filas de las figuras del toreo. Y sin embargo, no logra conseguir ese lugar que sin duda se merece. A mi percepción, siempre ha transmitido una gran tristeza que supera todo lo demás y que opaca la labor que realiza ante los toros. También transmite una gran duda personal acerca de lo que realmente merece, y por lo tanto, nadie se lo compra. Este torero no acaba de dar el campanazo y se le va la vida a pura cornada, revolcada y corte de orejas sin mayor trascendencia.

Hace unos meses vi en un blog hermano que Humberto Flores mostraba un muñeco vestido de luces, que siempre lo acompaña a todos lados donde torea porque es su amuleto de la buena suerte. Se me hizo horrible. Como de película de miedo. Nunca se me ha hecho que su suerte haya sido tanta como para que valga la pena conservar tan aterrador amuleto. ¡A cambiarlo, hay unas patitas de conejo rete lindas que además sirven de llavero! Pero además, a tirar la tristeza y a empezar a creerse un buen torero, si no… pues no habrá más que hacer.

Luis Bolívar. Mucho se comenta que este torero es el sucesor de César Rincón, y bueno, tiene mucha técnica, poderío y valor, lo demostró en esta corrida de cerrojazo. Fue el torero que mejor librado salió este domingo. No dudo que con el paso del tiempo logre tomar el lugar de su paisano, pero hoy por hoy, existe una gran distancia para que le llamen el sucesor de César Rincón, perdón, del Maestro Rincón.

Los toros lidiados en esta corrida no fueron ninguna perita en dulce, pero cualquiera que se diga Matador de Toros, sabrá cómo sacarles el mejor provecho, para eso se decidieron por este camino y por eso la gente paga un boleto, para ver lidiar profesionalmente lo que salga por toriles.

Grisáceo fin de temporada.

domingo, 28 de febrero de 2010

El sueño de Hilda


Existe mucha distancia entre soñar y hacer realidad un sueño. Para ello se requiere preparación, tenacidad, perseverancia y una gran vocación. Pero, aún con todo esto, ninguno se realiza si no hay detrás de todo gran soñador el apoyo y la fortaleza de quien más puede amar a una persona… en este caso, sus padres.

Yo ya estaba emocionada desde que vi a Hilda en el patio de cuadrillas, estaba tratando de imaginar todo lo que ella sentía, ese momento tan intenso en el que ya no se piensa, sólo se dejan fluir los sentidos, que gracias a la acción de la adrenalina, se agudizan al máximo, percibiendo los colores más intensos, oyendo la respiración de los caballos, sintiendo hasta la más fina partícula de arena bajo las zapatillas, la banda de música se escucha claramente, pero no se puede definir cuál pieza es, aunque la hallamos oido cientos de veces… el olor a estiércol te embriaga, y ese olor, te parece increíblemente placentero, y cada vez que lo huelas, así sea en unas caballerizas o en un día de campo en La Marquesa, tu corazón dará un vuelco y desearás, aunque sea una vez más, vivir de nuevo esa sensación… bueno, yo me imagino que eso pasa… habrá que preguntarle a la matadora.

Y es que por más que queramos tratar por igual a un torero que a una torera, pues hay diferencias que se ven a simple vista, como la fragilidad física de una mujer y sus fuerzas. Los capotes, muletas y estoques pesan una enormidad, y esto se duplica cuando se siente miedo. Entonces, para una mujer, además menudita, se dificulta aún más. Y luego esos toros, sobre todo el primero ¡que alto era!

El haber logrado la alternativa en la Plaza México tiene un enorme mérito y una gran importancia. Mi enhorabuena más sincera a Hilda Tenorio y un gran reconocimiento a sus padres, quienes merecidamente han recibido el honor del brindis de alternativa de parte de su hija. Esos padres que aún con todo el miedo del mundo porque a su niña le pase algo, la apoyan. Olé por esa madre que carga su videocámara y cuyas imágenes seguramente habrán salido muy movidas por el nervio, esa madre que es la misma que la vistió en el hotel y que le hizo su colita de caballo, aún deseando que su hija estuviera ese domingo en el cine viendo una de vaqueros, en vez de estar jugándose la vida.

No sabemos a partir de este triunfo de Hilda Tenorio cómo se desarrolle su carrera, ya que los toreros son muy celosos y seguramente habrá muchos que le pongan trabas para alternar con ellos, lo que si sabemos, es que Hilda logró su sueño, tomó la alternativa en la Plaza de Toros México, pasando así, a la historia.

Que este sea sólo un ejemplo para que todo aquel que persiga algo, no deje de correr… hasta alcanzarlo.

domingo, 21 de febrero de 2010

Centauros y Otros Seres


Quizá toda leyenda mitológica parta de una visión real, en la que uno es capaz de ver seres, aparentemente imposibles.

En la decimoséptima corrida de la temporada en la Plaza de Toros México, vi jugarse la vida a un Centauro. No se si fue real, o me rebasó la emoción, pero vi a un ser, mitad hombre, mitad caballo, vi a un ser que lleva años siendo leyenda, y seguirá siendo leyenda, lo que dure la historia del toreo.

Antes de Pablo Hermoso, el arte del rejoneo era un espectáculo de relleno, donde el rejoneador toreaba un solo toro, y a la gente no le interesaba mayormente si llegaba a tiempo para verlo.

A partir de la incursión de Pablo en este arte, todo cambió. Pablo Hermoso marcó parámetros que nadie ha podido, ya no digamos superar, sino por lo menos igualar.

Hablar de este rejoneador navarro es marcar el antes y el después del rejoneo mundial. El rebasa por mucho lo que hasta el momento de su aparición se había hecho, logrando que su espectáculo sea, no sólo atractivo para aficionados a la fiesta brava, sino un espectáculo capaz de agradar a todo tipo de público por su técnica, estética y emoción.

Pablo Hermoso se une a su caballo para convertirse en un sólo ser, ese mitológico Centauro, donde una parte piensa, otra manda, otra ejecuta... y no sabremos nunca donde acaba el hombre y empieza la bestia.

La comunicación entre los dos es automática, la sensibilidad de ambos se mezcla logrando una obra en movimiento, que dura segundos, pero que conmueve a todo aquel que tiene la suerte de presenciarla. Son dos seres en perfecta comunión, que deciden invitar a danzar a un tercero, que colabora para crear sinergia con esos dos extraños seres, ¿o es sólo uno?…

Lo cierto es que resulta increíble la manera en que se puede llevar tan toreado un toro, templándolo a la distancia exacta, poniendo de carnada un cuerpo, y ese cuerpo, en un diálogo franco con su amo, encarando al toro, pero no con soberbia ni arrogancia, sino con complicidad, sin perder ni un segundo la estética y elegancia. No se van de más, ni se dejan alcanzar, todo es preciso, es increíble como se puede utilizar el cuerpo del caballo como muleta, dando los pases más templados y los trincherazos más profundos que hemos visto.

Me ha tocado la fortuna de ver a Pablo Hermoso de Mendoza en muchas tardes, y siempre me sorprende, me emociona y me conmueve, junto con sus increíbles caballos, más toreros que muchos, que hasta figura se dicen.