domingo, 14 de abril de 2013

Un torero ha muerto


La noticia que motiva esta columna fue la “menos importante” de la semana en el mundo taurino. Yo me enteré gracias a un medio: “Con el Toro”, pero fuera de éste, no encontré nada más.
Murió el sábado antepasado el torero Santos Gaspar May Hau “El Tío”, a consecuencia de una tremenda cornada en el tórax, del toro “Colorado”, en la corrida celebrada en Xoy, Yucatán. Un torero de la legua.
Y muchos se preguntarán ¿por qué mencionar ésto? si la noticia del momento es que la encerrona de Manzanares en Sevilla no fue tan buena como se esperaba.
El camino no ha sido fácil para ningún torero, sin embargo, conocer solamente a los famosos, ver sus entrevistas en el Hola y sus fotos modelando, no nos hace conocedores de toros. Lo que vemos ahí es sólo la punta del iceberg. Debajo de todo ese glamour hay un mundo mucho más grande del que se ve.
Cantidad de muchachos lidian en pueblitos ínfimos ganado que sabe hasta latín, de media casta, toros famosos porque en todos lados los han toreado ya. Se juegan la vida en medio de la nada, y para nada. Sin asistencias médicas, sin un centro de salud cercano, con escasa técnica; y nadie puede decir que son menos toreros que los otros. En esos lugares, igual que en la plaza más importante, se ve de frente a la muerte. Pero más fea, y más cerca, porque se torea con todas las desventajas.
Hombres que exponen su vida igual que el que cobra diez millones de pesos.
Los nuevos aficionados deben acercarse a estos eventos, sin juzgar técnica, ganado, ni apariencia. Sensibilizarse ante otro mundo más modesto y polvoriento, sin caras bonitas, ni cuerpos perfectos, pero donde también se respiran ilusiones, se vive la gloria de una sola tarde en un pueblo que no aparece en ningún mapa, y en donde lo más importante que sucede en todo el año, es justo ese festejo. Y los que participan en él, son los personajes del momento, y los niños quieren ser como ellos y las niñas se enamoran por primera vez.
A partir de eso, entendemos muchas cosas. Por ejemplo, que el torero que menos nos gusta, vivió experiencias similares antes de ser reconocido, y es cuando valoramos lo que le ha costado estar donde está.
No es lo mismo leerlo en una novela, que vivirlo de cerca, ver sus rostros, enterarse que hay todo un mundo debajo del chapeadito de oro.
Si no conocemos también esta cara de la Fiesta, no sabemos nada.
Detrás de esos trajes roídos del sol, remendados y oxidados, está la parte más humana de la Fiesta Brava. Descanse en paz “El Tío”.

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