martes, 17 de mayo de 2016

Cómo liberar a un espíritu encarcelado

Cuando sea prudente y se percate del más mínimo descuido… en el momento en que halle a su celador distraído, busque una rendija por la cual escabullirse; una puerta entrecerrada por la que se haga delgadito y quepa; una ventana para poder saltar. Escápese por donde menos se lo esperen; escápese por su cuello, por su ombligo, por su estómago o por su oreja.
No le de la victoria a esa muerte traicionera, que titubeó en el último instante, que dudó cuando no debía; que se arrepintió a la mitad del trato y ahora tiene a la mitad de usted.
Pero tiene la mitad que menos nos hace falta, porque es su espíritu su mayor tesoro, al que envidian tantos por la riqueza que posee.
Su espíritu, el mismo que le ha dado la gloria, debe obtener de nuevo su libertad, la que ahora le quita un cuerpo que ya no le pertenece; ese cuerpo ya le queda chico y hay que soltarlo. Hay que desplegar las alas y volar, como siempre lo ha hecho; porque usted es un valiente, porque nunca le ha importado el qué dirán, porque su rebeldía es la que todos quisiéramos tener. Que lo vuelvan a envidiar por su osadía, aquellos que no se atreven a nada.
Cuando el cuerpo estorba, es porque el alma ha crecido, entonces hay que abrirle una puerta para que se eche a correr, sin mirar para atrás. Déjenos a los que nos duele verle prisionero, distraer a sus carceleros, hablarles de trivialidades, mientras usted encuentra por dónde huir; por donde se ve aquel reflejo, que señala todo lo que quedó pendiente. 
Usted ha entrado hace mucho al salón de los inmortales gracias a las tormentas que lleva a cuestas, a su arte, a su genialidad, a su valor, a su estampa antigua, a su juventud a pesar de su edad, esa juventud que tanto trabajo les da entender a los que desde siempre han sido viejos.
Prepare su hatillo y váyase; retome esos caminos de polvo, los mismos que andaba cuando era maletilla, con los mismos sueños de entonces, que no queremos verle de otra forma, porque sabemos que usted tampoco quiere verse de otra forma.
Despójese de lo que le estorba; eche al río su equipaje. Váyase despacito y en silencio; hágale un desdén al destino, que hizo su trabajo a la mitad, cuando usted, Maestro, siempre ha merecido la totalidad.
Así como hizo usted un conjuro y de unos días para acá, nos ha convertido a todos en llanto, ejérzase de nuevo como el maravilloso brujo que es y transfórmese en viento, en suspiro, en el humo de su puro o en el eco de un rotundo ¡Oléeee! tras algún trincherazo magistral.

6 comentarios:

Leonardo Páez dijo...

Querida Luna Perversa, cada día escribes mejor pues sientes y haces sentir a quien te lee. Tus líneas van en la mejor vertiente panera, la de anarquías y rupturas que por artísticas casi no se pueden soportar. El verdadero drama es que nuestro inspirado diestro ahora es prisionero de su cuerpo, de los médicos, de familiares y de instituciones y funcionarios.
Un beso

Unknown dijo...

Que arte tiene para tocar temas tan crudos . Definitivamente éste es su sitio. Que pena que no pueda decirsélo al matador, así despacito, al oído, por si él no ha coqueteado con la idea.
Gracias Artista.
Horacio Castell.

Luna Turquesa dijo...

Muchas gracias por sus comentarios. Un escrito hecho con todo respeto y mucho dolor.

ernesto rodriguez dijo...

Recien lo veo en La Jornada, muy conmovedor y refleja con belleza un tema tan controversial y el sentir de muchos de nosotros, gracias "Luna Turqueza" seguire con interes el blog.

María Ruiz dijo...

Ole!!! Me encanto, felicidades por hacer poesia, y por reflejar lo que Es y sera siempre el Pana. Me declaro tu fiel seguidora "LunaTurqueza"

Luna Turquesa dijo...

Muchas gracias por sus comentarios. Un abrazo.