martes, 18 de diciembre de 2012

Con bandera de pirata


Hay días en que las lecciones vienen solas, y sujetos cuyo fin no es darnos una lección, sin embargo lo hacen.
Desde aquella tarde en Zaragoza, que marcase en la vida de Juan José Padilla un antes y un después, este hombre se ha encargado, sin proponérselo de ser un ejemplo para taurinos, no taurinos… para propios y ajenos.
Un hombre revirtiendo su propia circunstancia y creciéndose ante ella.
Ponerse de pie después del bombardeo y observar el desastre, y hacer un recuento de lo que queda, y decidir que con lo que queda, debe volver a empezar en donde lo dejó.
Esa ya es una hazaña.
Empezar de nuevo, pero más fuerte, más valiente y más decidido… si es que se puede. Encarar de frente a la vida, al azar y ofrecer su cuerpo como ofrenda, ante el milagro de seguir vivo.
Y salir en hombros en honor a esta tarde, y en honor a su valor, su coraje y su rabia, demostrada desde siempre.
Y seguir dejando el corazón, porque ese, nadie se lo ha arrancado.
Y llorar lágrimas de las que lloran los hombres, ante la gloria de aquel grito: “¡Torero! ¡Torero!”.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Dios existe…


¿Cómo afirmar que Dios existe?
Dios confirma su existencia cuando se suscitan acontecimientos perfectos, coincidencias afortunadas o milagros presenciados. Donde el tiempo se detiene porque algo bello ocurrió, tras lo cuál, nada volverá a ser igual.
Para algunos, puede ser una comparación desproporcionada, incluso una blasfemia, pero hay hechos que sólo pueden ser obra de Dios.
Y es en ese instante cuando todo tiene sentido y los que dudan se convencen, y los rebeldes se convierten y los fieles reafirman su fe; y cada una de las epístolas se escribe y se reescribe en la versión personal de cada predicador, con sus palabras y sus adjetivos, tratando de transmitir lo intangible, de difundir el milagro… y esto es escuchado por todos, quienes a su vez lo cuentan; así la luz se esparce, llenando de esperanza todo aquello que se creía perdido.
Este 16 de septiembre un coliseo romano, el de Nimes, fue el templo sagrado donde todo sucedió. Un imponente escenario que sigue sumando historia en sus piedras; un lugar predestinado a presenciar la lucha de la vida frente a la muerte, y el triunfo de una, sobre la otra…
José Tomás se encerró con seis toros.
Los que estuvieron presentes, dejarán esta vivencia a manera de legado a sus hijos, nietos y bisnietos, porque esta corrida quedó inscrita a cincel en la historia de la tauromaquia universal. Será registrada en libros, anales, enciclopedias, compendios y demás publicaciones, a cargo de diferentes autores de diversas posturas, que por una sola vez, unificarán criterios.
A José Tomás no le hacía falta esto para ser uno de los toreros más importantes de la historia. Pero ahora… ¿en qué sitio se coloca? En el lugar de las leyendas, aquellas que se nutren primero de verdad y se enriquecen con ficción.
El resultado en estadísticas de esta corrida es increíble:
Ante ejemplares de las ganaderías de Victorino del Río, Jandilla, El Pilar, Parladé, Garcigrande y Toros de Cortés.
Dos orejas, dos orejas, dos orejas, indulto a “Ingrato” de Parladé, del que recibió las dos orejas y rabo simbólicos, además de dos orejas y una oreja del último de la tarde, para terminar con un total de once orejas y un rabo.
Dios existe y bajó al ruedo… pero ¿quién es Dios?… el que bajó e inspiró… o el que enfrentó a la muerte vestida de seis toros…
José Tomás tocó el terreno de lo divino, de lo incorpóreo.
José Tomás ya es inmortal, por eso no le teme a la muerte.
Después de esto… la nada… 

viernes, 10 de agosto de 2012

Y yo sin saber qué hacer… de aquel olor a mujer


Chavela, a una semana de su muerte y sigo pensando…
Si hubiera sido torero… ¿qué estilo habría sido? Por su profundo mexicanismo, su gran hondura y sabor, hubiera sido del corte de Silverio, ambos sin la estética ortodoxa, pero con una transmisión fuera de lo común.
Pero también, paradójicamente, hubiera encajado dentro del grupo de los valientes, de los que no conocen dudas. Dicen que en el ruedo todo es verdad y Chavela se arrimó sin mentiras a su toro. Fue una mujer que se atrevió a desafiar a una sociedad, en esos tiempos y aún ahora, muy “conservadora”. Admitió, en una época en que era inadmisible, su preferencia sexual, siempre decidida a defender su vida y su postura, sin importar los juicios de personas, más ocupadas de juzgar al prójimo, que por tratar de remediar sus abundantes carencias morales.
Chavela, pese a nacer en Costa Rica, era de México, y no por el trámite que supone una nacionalización, sino porque nació mexicana, por eso se vino para acá, a donde pertenecía y por eso, murió aquí, en su patria. Llevaba en el alma nuestra esencia y fue una gran representante de nuestra música por todo el mundo.
Chavela, un personaje caracterizado por su gran personalidad, vivió los excesos propios de una alma sensible, aguerrida e intensa, porque para transmitir como transmitía, no se podía ser de otra manera.
Sólo un corazón desgarrado puede entender la grandeza de Chavela… porque un corazón hecho añicos habla en su mismo idioma y comparte el mismo llanto,  brinda por el mismo duelo y canta por el mismo adiós, que, aunque es otro, siempre acaba siendo igual.
Cada que suena una canción de Chavela, se sirve un tequila que ha de ser bebido a la salud de alguien que ya se fue, pero también a la salud del que se quedó, por ser un sobreviviente del desamor y del abandono, e irónicamente, por tener la dignidad de quien agarra los trozos del suelo y canta “… ojalá que te vaya bonito…”.
Chavela hacía de cualquier canción un llanto, un desquebrajamiento del alma, de la propia y la de cualquiera.
Además de Chamana, era la exorcista de todos los corazones atormentados por los demonios del dolor, de todas las penas que necesitan salir, porque donde están, ya no caben…
Chavela nos es tan familiar, porque ha sido la compañera de parranda, de llanto y de noches en vela, por eso la pérdida se convierte en propia.
La Vargas no tenía que morir para trascender… hace años lo había hecho.
Chavela y su canción, su canción y su tequila, su tequila y su lamento.

domingo, 17 de junio de 2012

NUNCA renunciar a los sueños


La vida siempre encuentra mecanismos idóneos para ponernos en el camino a seres que nos guiarán a ser mejores personas. Nada es casualidad. Y cada uno de estos seres, encontrará su propio lenguaje para transmitirnos su sabiduría. A veces son métodos tan sutiles, que si no estás suficientemente receptivo, puede que no llegues a comprender la grandeza que se oculta entre líneas.
Yo amo la Fiesta Brava por muchas cosas. Los toros han sido una parte invaluable de mi formación, han sido la alegoría perfecta para enfrentarme a vida de la manera más valiente de la que he sido capaz.
Curro de los Reyes es un aficionado práctico de los mejores. Tiene un pellizco y una solera equiparable con toreros que han pasado a la historia por su gran hondura. Además, es una persona en perfecto equilibrio consigo mismo. De él he aprendido infinidad de cosas, y muchas han sido a través de la afición que compartimos y que nos ha llevado a vivir momentos muy intensos y de mucho miedo, pero miedo del bonito, del que se disfruta.
De él aprendí términos como “sin verse la ropa” y esto aplicado no sólo cuando me revolcaba hace mucho una becerra, sino en todas las circunstancias en las que ha sido necesario pararse “sin verse la ropa” y regresar a pegar otro muletazo, a la becerra o a la vida, así, en caliente.
Compartir miedos me ha enseñado que el amor por otra persona puede ser tan fuerte, que te olvidas de ti mismo, porque hay prioridades. Y que no importa si te gusta lo que una persona decida hacer, si la amas, es tu deber apoyarla, a pesar de lo que ello implique.
A través de este señor he aprendido que no existen fracasos, sino oportunidades para “crecerse ante el castigo” y demostrar de qué estamos hechos. Él me ha retado a “irme a los medios” “echándome el capote a la espalda” con el valor que sólo puede darte la plena convicción.
Y sobre todo, me ha enseñado que a un sueño NUNCA se debe renunciar, no importa qué diga la gente, no importa el tiempo que tome realizarlo y no importa de qué forma este sueño se materialice. Curro de los Reyes siempre ha mantenido vigente su proyecto. Cada vez que pega una media verónica, da un sabroso derechazo o ejecuta un sentido desdén como los que sólo él sabe hacer, ve realizado su sueño de ser torero. Es un gran torero.
Un hombre del cual he aprendido el valor del amor, de la amistad y de la complicidad, y algo de lo que muy pocas personas pueden presumir: la congruencia.
Esto va para él. En este Día del Padre.

domingo, 27 de mayo de 2012

Lágrimas Negras por Cigala


Los toros y el flamenco van de la mano. Por eso, es importante mencionar lo sucedido en el concierto de Diego El Cigala en Cancún el pasado 24 de mayo.
Cualquier artista merece todo el respeto, y no sólo él, también la gente a la que si le interesa verlo. Lamentablemente este concierto estuvo marcado desde el inicio por una sombra negra. Los asistentes al concierto eran en su mayoría gente “nais”, que si la “Yayis” Betancourt, que si la “Güera” Corcuera, que si la “Nena” Montes de Oca, en fin, los que siempre salen en esas revistas que tanto “aportan”.
Como antecedente, este show incluía Barra Libre. A la entrada del recinto donde se llevaría a cabo el evento, había un cartel que decía (más o menos): “A petición de El Cigala, no habrá servicio de bar mientras dure su concierto”. Este mensaje se repitió en los micrófonos antes de que empezara el show. Hubo mucho tiempo para surtirse de “alipuses” y podías pedir suficientes para no andar dando lata durante el concierto. Bueno, pues no hubo una autoridad en el recinto capaz de hacer valer este requerimiento ¿dónde estaban los organizadores? Sólo ellos saben, seguro pidiendo sus “jaiboles”. Entonces ¿qué pasó?… pues que la “cancuniqué” y concurrencia en general, enloquecieron ante la barra libre anunciada, desesperados por desquitar su boleto. No les miento, estaba yo junto a una bardita donde el mesero ponía a cada cinco minutos un promedio de diez bebidas para las personas que estaban enfrente y las ponía en la bardita, porque las manos de esas personas se encontraban ocupadas con otras bebidas. Cuánta miseria, habiendo tantas cantinas, bebiendo como si el mundo se fuera a acabar y los meseros pase y pase, distrayendo a los pocos interesados en el escenario. La gran mayoría más pendiente de pedir ocho campechanos y cuatro pintaditos, que de escuchar al Cigala quien desgarraba su garganta para aquel 10% a los que si nos interesaba su actuación. Qué vergüenza con el artista. Qué tristeza que estas personas no sepan apreciar el arte. Les hubiera salido más barato comprar una pata de elefante en el súper y poner en su casa un disco del Cigala o del Buki, porque seguro no encuentran la diferencia (con el respeto que me merecen ambos artistas). Junto a nosotros había una mesa de gente “bonita” bien vestiditos, las damas “rete” elegantes que se la pasaron platique y platique, risa y risa,  a pesar de las peticiones de silencio que recibieron en repetidas ocasiones; ellos se sentían en boda, ya sólo les faltaba que tocaran “Payasito de Rodeo” para lanzarse a la pista a ejecutar la coreografía. Bueno, y no faltó quien, después de que Cigala interpretara la segunda canción apenas, lanzara un grito desgarrador, más desgarrador que el mismísimo Cigala: ¡¡“Lágrimas Neeeegras”!!, es más que obvio, si apenas va empezando el concierto, que la va a cantar (a esas alturas, nadie sabía que en realidad no la iba a cantar), pero gracias por recordárselo, como si estuviéramos en el Palenque de la Feria de Chimalhuacán. Y luego, para acabar de completar el mercado aquel, cuando no íbamos ni a la mitad del concierto… ¡que se va la luz! Y pues no había planta, como lógicamente debería de haber en estos lugares… Ahí se acabó la función.
Qué triste que en Cancún no estemos listos para recibir a este tipo de artistas, que pueda más una barra libre y la “naquez” de la que hicieron gala la mayoría de los asistentes, al arte de un hombre como éste.
¿Saben cuando creo yo que regresará Cigala a Cancún? Nunca.

viernes, 18 de mayo de 2012

Aquí no ha muerto nadie


La noticia más importante de esta semana y de muchos días por venir, fue la muerte de Carlos Fuentes. Una pérdida que no sólo se siente en el mundo de las letras, sino en todos los ámbitos. Un hombre que nos representaba con grandeza y con categoría en todo el mundo. La Fiesta Brava lo lamenta especialmente. Fuentes abordó este tema con una gran profundidad, objetividad y comprensión de su importancia en la fusión cultural entre España y México. Los conceptos plasmados en su libro “El Espejo Enterrado” son de una exquisitez absoluta. De aquí extraigo algunos párrafos:
 - “Quizás todas las demás derivaciones del símbolo taurino no sean, al fin y al cabo, sino una especie de nostalgia de la tauromorfosis original: poseer la fuerza y fertilidad del toro, junto con la inteligencia y la imaginación del ser humano”.
- “Los primeros iberos llegaron hace más de tres mil años, dándole a toda la península su nombre duradero. También dejaron su propia imagen del toro guardando los caminos del ganado, protegiendo una ruta que nos lleva hasta el primer gran lugar común de España, la plaza de toros”.
- “ En la plaza de toros el pueblo se reúne, en lo que una vez fue un rito semanal, el sacrificio del domingo en la tarde, el declive pagano de la misa cristiana”.
- “La corrida, una misa de luz y sombras, teñida por el inminente crepúsculo”.
Y siguiendo con el tema de Fuentes y la Fiesta Brava, hay un libro que leí hace mucho, “Constancia y otras novelas para vírgenes” que contiene un relato que me dejó huella. Fuentes mezcla al personaje de Goya con Pedro Romero, todo envuelto en un escenario tan mágico como Ronda. Presencias que, entre sombras y obscuridades, conviven y dialogan, en una dimensión tan cercana y tan lejana a la nuestra. La historia de un torero que, según el relato de Fuentes, sólo tuvo una tarde gloriosa en toda su vida, y esa tarde le bastó para alimentarse por siempre. Una historia que, entre figuras espectrales, nos deja ver el aspecto más humano de un hombre que podría ser cualquiera.
La muerte de Carlos Fuentes fue benévola. Llegó a hora prudente, ni antes… ni después. Una muerte que lo sorprendió trabajando, recién terminado un proyecto y con otro por iniciar. Una muerte indulgente, oportuna, esa que convoca con elegancia.
Carlos Fuentes está en cada página que se lea de él y en cada libro que haya marcado nuestra vida. Los únicos muertos son aquellos que se han negado el privilegio de enriquecer su espíritu a través de sus letras.