martes, 9 de noviembre de 2010
Hambre y Sabiduría
domingo, 7 de noviembre de 2010
Abriendo la temporada… un torero con hambre de ser
La inauguración de la Temporada 2010-2011 en la Plaza de Toros México resultó impredecible.
domingo, 31 de octubre de 2010
¡Ya casi!
Lo que me llama la atención, y es importante recalcarlo es el horario. Empieza, según se ve en el cartel a las 4:30. No se por qué han decidido cambiar la tradicional hora de inicio, pero bueno, tendremos más tiempo para digerir los tacos de cecina y de chile relleno de afuerita de la plaza.
Mientras les comparto un nuevo blog, trata de cositas que se ocurren de repente, o frases que uno oye por ahí... en fin, veánlo y si les gusta, ¡pus síganlo!
duendedeluna.blogspot.com
domingo, 26 de septiembre de 2010
Mi gusto es…

Cuando tomé la decisión de hacer la versión impresa de los apuntes realizados para el blog “Obispo y Azabache” jamás imaginé las enormes satisfacciones que me daría.
Personas muy queridas me convencieron argumentando que no todos los taurinos se metían a ver blogs y que además, valía la pena tenerlo impreso.
A fin de cuentas, y a manera de un mero capricho personal, “pos que lo imprimo”, en un tiraje, que por su cantidad, llamaría yo, íntimo.
El primer y gran honor fue el prólogo.
Durante muchos años he admirado sinceramente a un personaje que para mi es el máximo exponente actual de la crítica taurina en México. Un hombre siempre fiel a sus argumentos y siempre congruente con ellos.
No me alcanzan las palabras, además de que se quedan muy cortitas ante las de él, para agradecerle al Señor Leonardo Páez (¿La Fiesta en Paz?, Periódico La Jornada) el texto que da inicio a esta publicación. El prólogo en sí valió la edición.
También agradezco a todos los taurinos que lo han recibido con gusto, algunos me han dedicado palabras realmente lindas, las cuales me motivan para seguir haciendo estas entradas.
Esta edición me ha dado también la oportunidad de conocer gente nueva, en mi afán por hacerlo llegar a más lectores. He conocido personas afines a mi en el gusto por la tauromaquia, totalmente escasas en el lugar donde vivo, en el que pensé que yo era la única.
Un agradecimiento muy especial al Señor Oscar Cadena por la invitación que me hizo a su programa de televisión EnCadenaTV para presentar mi publicación. Fue una gran sorpresa y un gran honor para mi estar ahí, platicando de este tema al cual amo profundamente.
En fin, que lo que pensaba yo que era un simple gustito para compartir con los amigos, se ha convertido en un gustote para compartir con los amigos de siempre, los nuevos amigos y los que surgirán.
Pero a las dos personas a las que más les agradezco el apoyo en todo y el apoyo de siempre son a mis amados Carmen y Curro, mis incondicionales cómplices en cada una de las aventuras en las que me embarco.
Sin ellos, sería imposible que en este momento, estuviéramos en diálogo, yo, Luna Turquesa, y tu, mi lector.
No dejen de leerme en esta próxima temporada que ya casi comienza:
Temporada Grande Plaza México 2010 – 2011, ya que ahora más que nunca estaré encantada de hacer la crónica de cada una de las corridas, mientras exista alguien del otro lado que quiera leerme.
viernes, 9 de julio de 2010
El Libro Negro
Parte II.
Conversación ficticia con Federico García Lorca.
Continuamos.
Conversación 38
COLOQUIO CON GARCIA LORCA
(O DE LAS CORRIDAS)
Madrid, 8 de abril.
“El hombre debe matar los elementos taurinos que hay en él: la adoración de la fuerza muscular agresiva y de la fuerza erótica, igualmente agresiva.
La corrida es la representación pública y solemne de esa victoria de la virtud humana sobre el instinto bestial. El torero, con su inteligencia pronta y despierta, con la ligereza de los movimientos rápidos y elegantes de su cuerpo, supera, vence y da por tierra con la masa membruda, ciega y violenta del toro. La victoria sobre la bestia sensual y feroz es la proyección visible de una victoria interior. Por lo tanto, la corrida es el símbolo pintoresco y agonístico de la superioridad del espíritu sobre la materia, de la inteligencia sobre el instinto, del héroe sonriente sobre el monstruo espumajeante o si prefiere, del sabio Ulises sobre el cruel Cíclope. Así pues, el torero es el ministro cruento en una ceremonia de fondo espiritual, su espada no es otra que el descendiente supérstite del cuchillo sacrificial que utilizaban los antiguos sacerdotes. Y así como también el Cristianismo enseña a los hombres a liberarse de las sobrevivencias bestiales que hay en nosotros, nada hay de extraño que un pueblo católico como el nuestro concurra a este juego sacro, aun cuando no comprenda con claridad la íntima significación espiritual del mismo. Se podría recordar también que el rito inicial del antiguo culto de Mitra, aquella religión que en un cierto momento amenazó el triunfo del Cristianismo, consistía en el sacrificio del toro: el taurobolio. Si los humanitarios y puritanos extranjeros, que habitualmente están dotados de inteligencia más bien estrecha, fueran capaces de profundizar el verdadero secreto de la tauromaquia, juzgarían de una manera muy diversa a nuestras corridas”.
El amigo español se levantó y abrazó a García Lorca. También yo, aun cuando no diera muestras externas de entusiasmo tan expresivas, reconocí que su ingeniosa y paradojal teoría era merecedora de una atenta meditación.
domingo, 4 de julio de 2010
El Libro Negro

Parte I.
Siempre han existido y existirán detractores de la Fiesta Brava, y también personas curiosas que cuestionan a los taurófilos acerca de la justificación para que la fiesta siga existiendo.
Cada uno de nosotros con palabras, conocimientos, gusto y pasión por esta fiesta tratamos de dar una explicación que resulte convincente, y ésta, llega a ser tan trillada, que muchas veces preferimos cambiar de tema porque no se trata de convencer a nadie o de convertir a nadie.
Sin embargo, llegó a mis manos un fragmento de “El Libro Negro” de Giovanni Papini, autor italiano nacido en Florencia en 1881, y me pareció de una belleza, profundidad e inteligencia tal, que bien vale la pena compartirlo.
Se trata de una conversación ficticia con Federico García Lorca, en la cuál, el poeta plantea su perspectiva acerca de la Fiesta de los Toros.
Conversación 38
COLOQUIO CON GARCIA LORCA
(O DE LAS CORRIDAS)
Madrid, 8 de abril.
Fui ayer a la Plaza de Toros, y un amigo español que me acompañaba me presentó a un joven de aspecto genial y viril que se llamaba García Lorca, y es ya famoso aquí y en América como poeta y pintor. Me causó una bellísima impresión, incluso por su orgulloso ánimo salvaje, y concluida la corrida fuimos los tres al Café del Pombo. Como sucede frecuentemente en este país, la conversación versó acerca de la tauromaquia, y quise saber de labios de García Lorca qué pensaba de los extranjeros dispuestos a ver en ese juego sangriento una prueba de crueldad del pueblo español, y el joven poeta me respondió:
- “No todos los extranjeros son tan imbéciles, pero la mayoría de los que vienen son simultáneamente atraídos y asqueados por el espectáculo de nuestras corridas. Esto depende en gran parte de que son viajeros filisteos, y aun cuando sean personas cultas carecen de verdadero espíritu poético. Estoy escribiendo un poema sobre Ignacio Sánchez Mejías, uno de nuestros toreros más famosos, y espero hacer comprender la belleza heroica, pagana, popular y mística que hay en la lucha entre el hombre y el toro. Pero creo que nadie ha sabido explicar a los extranjeros el contenido profundo, sublime, y hasta diré casi sobrehumano, del sacrificio taurino.
La corrida, en sí, a pesar de sus acompañamientos acrobáticos y espectaculares, es en realidad un misterio religioso, un rito sacro. Con sus acompañantes o acólitos, el torero es una especie de sacerdote de los tiempos precristianos, pero al que el Cristianismo no puede condenar. ¿Qué es lo que representa el toro en la conciencia de los hombres?, la energía primitiva y salvaje, y al mismo tiempo la ultrapotencia fecundadora. Es el bruto con toda su potencia oscura; el macho con toda su fuerza sexual.
Pero el hombre, si quiere ser verdaderamente hombre, debe disciplinar y conducir la fuerza con la inteligencia, debe ennoblecer y sublimar el sexo con el amor. Le corresponde matar en si mismo la animalidad primigenia, vencer el porcentaje de bruto que hay en él. Su antagonista más evidente en su voluntad de purificación, es el toro".
(Continuará…)
martes, 15 de junio de 2010
Para reconocer nuestros miedos… se requiere mucho valor

Cuántas veces no hemos presenciado escenas de novilleros o matadores de toros que bailan más que en un tablao flamenco frente al toro, y siguen por ahí dándose aires de figuritas.
También hemos sabido de varios pseudo toreros, cuya verdadera vocación es la vagancia, que siguen pregonando "que esta si va a ser mi temporada, y que ora si nomás que me den una oportunidad la voy a armar, que nomás porque no me ha salido el toro a modo…" y todo esto mientras sus padres o padrinos alcahuetes trabajan a brazo partido para que el muchachito, que en la mayoría de los casos ya ni tan muchachito, siga sin oficio ni beneficio cuando probadamente sabe que no tiene cualidad alguna para andar en esto.
Por eso, que este domingo 13 de junio, en la segunda novillada de la temporada 2010 Christian Hernández haya aceptado, previa espantada con respectivo clavado al callejón, que tenía miedo y por eso se retira, tiene su mérito.
Dejará de engañarse como tantos otros y dará un giro a su vida, se dará la oportunidad de hacer algo que realmente disfrute.
Esto del toro es cuestión de una enorme vocación, ya que va en juego la vida misma. Y el miedo que se siente, no se debe sufrir, es un miedo a voluntad, es un miedo por disfrutar, que debe traducirse en entrega, pasión y arte.
Si no es así, lo más sabio, es hacer lo que hizo este muchacho, lástima que lo hizo en la Plaza México, donde otros muchos que si tienen con qué, sueñan torear, y frente a un público incondicional que pese a la lluvia, pagó un boleto para verlo. Es como ilusionar a la novia, y ya el día de la boda, dejarla plantada en la iglesia… pudiendo haber terminado desde antes esta relación.
En fin… que me acordé de aquel poema del Maestro Benítez Carrasco que termina así…
Era sólo que, ante el toro,
¡y con razón!
se acordaba de la vida.

