martes, 6 de abril de 2010

Dios los hace… y ellos se juntan


La Otra Cara de la Fiesta en México

Tercera Entrega

Cuando decidí el tema a tratar esta semana, consideré que no formaba parte de este serial, y tal vez ni siquiera tenía nada que ver con los toros, pero, a fin de cuentas, esta tanda pertenece a esos personajes que no se ven a simple vista, y a esos momentos que forman parte de su vida y de su quehacer dentro del mundo romántico y anónimo de la fiesta brava o de cualquier menester en el que intervenga la sensibilidad y el arte.

Con motivo de los días de la Semana Mayor, decidí ir a una de las ciudades más bellas de México, Mérida.

Tenía varios pendientes, como visitar museos y librerías. Comer panuchos, papadzules y salbutes a discreción. Caminar por su Paseo Montejo. Meterme a absolutamente todas las tiendas a ver sombreros, hipiles y guayaberas para no al final no comprar nada.

Pero, uno de mis pendientes más fuertes era disfrutar de la trova yucateca que tanto mencionan.

Caminé y caminé buscando quien me diera información de dónde podría yo ir en la noche a escucharla, y todo mundo me recomendaba, que si ya la música grupera, que la pop, que la rock, que las baladas románticas tipo Franco de Vita… y de lo otro… nada.

Y entonces, me di cuenta que con la trova yucateca pasa lo mismo que con la fiesta de los toros, la gente sensible, que verdaderamente la paladea, la siente, la vive y la vibra, está en extinción.

Pero la suerte fue benévola conmigo y de puritita casualidad me metí en un hotelito a echarme un refresquito, y con mi bendita necedad le pregunté al mesero si sabía algo de la famosa trova yucateca… dicho lo anterior me contestó…"Si viene usted a eso de la una de la tarde, se va a encontrar a un grupo de trovadores, de los de a deverás, que usan este sitio como punto de reunión".

Para no verme tan urgida, en vez de llegar a la una, llegué a la una y cuarto. Y ahí estaban…

Doce personas alrededor de una larga mesa, de los cuales tres eran mujeres. Había tres guitarras y mientras uno tocaba, otro cantaba. Y al final, ¡¡todos jaleaban!!

Cuando se acababa la canción, los demás se “peleaban” por cantar la próxima… todos querían que les dieran las tres para pegar unos muletazos… era como ir a una ganadería y estar con toreros ávidos por torear. Una de las damitas entonó una hermosa canción y cuando se paró al baño, un señor ya la había interceptado para que fuera a cantar a un evento… como cuando uno pega unos muletacillos y ya te andan apalabrando para la feria de Chimalhuacán.

De verdad una cosa hermosa, como la gente del toro. Luego llegó un señor muy elegante y todos gritaron…¡Don Héctor! Sólo les faltó el ¡Olé! Y Don Héctor ni tardo ni perezoso agarró una guitarra y se echó una canción.

Y yo los oía hablar de que si tal autor, de que si esa canción la había interpretado por primera vez fulano de tal, y el otro rebatía que la mejor versión era la de Mengano…y entonces pensé… ¿cuántas veces no he escuchado esto pero de diferente temática?… que si la faena de los berrendos de Sto. Domingo de Paco Camino, que si la de Manolo Martínez a aquel de Mimiahuapan… que si nadie como El Ranchero Aguilar… que si yo me quedo con El Callao… y ese tipo de conversación, que en los taurinos, sucede una vez, y otra… y otra… pero siempre lo discuten con la misma pasión que la primera vez… ojalá así fuera el amor… infinito, inaburrible y siempre arrebatado.

Estuve ahí horas y horas, escuchando desde mi barrera de sol.

Mi viaje valió mucho la pena, pero creo que la parte que más disfruté fue a estos toreros, pegándoles derechazos, naturales y trincherazos a esas guitarras y a esas canciones y hablando de trovadores antiguos como se habla de toreros de leyenda.

domingo, 28 de marzo de 2010

La otra cara de la fiesta en México o… más allá del Canal de las Estrellas.


Segunda Entrega

Ser empresario de toros en pueblitos perdidos de México no es tarea fácil.

Es más una cuestión de vocación y amor a la fiesta que una cuestión de negocio.

No recuerdo exactamente cuando conocí a Don Pedro Rodríguez.

Pastorcito en su juventud, Don Pedro era originario del estado de Hidalgo y tenía ascendencia otomí. Menudito, piel curtida por el sol, siempre lucía gallardo, con su gran bigote, su paliacate, su sombrero vaquero y su nariz aguileña.

Vivía allá por los rumbos del Estadio Azteca y de los primeros recuerdos que vienen a mi mente cuando íbamos a verlo era su mascota: un perrito muy curioso llamado Tribilín, afgano de buena cuna que por cuestiones del azaroso destino había ido a parar ahí. Su pelaje en vez de estar perfectamente cepilladito lucía lanudo y descuidado, sin embargo, esto no parecía preocuparle ni al perro ni al amo.

Don Pedro hacía empresa en pueblitos pequeños en todo México.

El espectáculo que más fama le dio como empresario fueron las charlotadas, principalmente con los personajes de Chema y Juana.

También hacía novilladas, vacadas y becerradas y era muy respetado por los torerillos que soñaban con que a partir de un triunfo en esos lares, les abrirían las puertas para torear en mejores plazas.

El se las arreglaba para ir en camión a los pueblos, a las ganaderías , conseguir “cuadrillas”, banderillas, carnicero, banda, hacer la publicidad, darles boletos a los torerillos para que los vendieran, pegar los carteles por todo el pueblo, traer a los vendedores de cerveza y conseguir juez.

Todo esto lo hacía el solito, después de larguísimas jornadas en el campo y en las carreteras. Vale la pena mencionarlo ya que desde que yo lo recuerdo era una persona mayor y su salud no era la mejor.

Nunca había una plaza en forma, siempre era una plaza de vigas, donde algún buen samaritano nos dejaba subir a la caja de su pick up para alcanzar a ver. De no ser así, pues a treparse en las vigas, las cuales siempre se abarrotaban. Todo el pueblo estaba ahí.

Torerillos y cuadrillas se cambiaban entre los coches, así que las mujeres debíamos guardar la debida prudencia y e irnos a ver si ya había puesto la marrana, para no inoportunar.

Del camión bajaban directamente al ruedo los animales (de milagro nunca vi que se saliera ni uno) y de milagro había toros… muchísimas veces el festejo se retrasaba porque no llegaban.

La mayoría de las veces eran animales infumables, que no se dejaban pegar ni un pase o que a veces estaban ya toreados, y los pobres chamacos tenían que vérselas con eso, afortunadamente nunca presencié ninguna escena trágica.

Después de la toreada y de la comida, nos acomodábamos todos alrededor de Don Pedro, quien, siempre con su cajetilla de Faros en mano, procedía a deleitarnos con el número cumbre del día, el cual todos los que siempre lo acompañábamos lo sabíamos de memoria. Recitaba el poema… La Novia del Torero… y lo hacía con tal desgarramiento, que no faltaba al finalizar, un sonoro ¡Olé! Era como ver una película por décima vez, pero que te la vuelves a echar porque te encanta y siempre descubres algo nuevo.

Y ya de camino de regreso, todos cansados y mugrosos, nos arrullaba con su dulce voz cantándonos en Otomí.

Don Pedrito ya se encuentra a la vera del Señor, recitándole poemas y cantándole canciones en su dialecto. Fiesta no faltará ya que el que la organiza está presente.

lunes, 22 de marzo de 2010

La otra cara de la fiesta en México o… más allá del Canal de las Estrellas


Admiro mucho a los estudiosos de los toros, que se saben todititas las estadísticas y han leído todos los libros, aprendido todos los pases (bueno, sólo de nombre), los pelajes, los fierros de ganaderías, los colores de ternos etc…

Valoro, además de todo ese conocimiento, lo que te dejan la vivencias, eso que no te da la Plaza México aunque vayas todos los domingos, o ver todos los programas de toros, o saber el escalafón taurino español, sino la afortunada ocasión de vivir momentos inolvidables en lugares poco populares, o de poco “caché”, como puede ser el caso de rancherías o pueblitos bicicleteros.

Es por eso, que hago la primera entrega de mi serie… La otra cara de la fiesta en México o… más allá del Canal de las Estrellas.

Primera Entrega.

Recuerdo que para mi los fines de semana eran diferentes a los de mis compañeritas de escuela… a mi me daba más emoción ir a una ranchería a presenciar una becerrada o novillada que ir a Reino Aventura a treparme a la Canoa Krakatoa… y es que ¿cómo no? si la aventura comenzaba desde poder llegar al dichoso sitio del evento (que generalmente no alcanzaba la categoría de pueblo). Llegar era ya en sí mismo un logro, ya todos conocemos nuestro hermoso México, donde no existe la señalización, y si es que hay alguna, seguramente está equivocada.

La seguna parte era ver dónde era posible ir a un baño, ahí aprendí que un baño puede ser tan extenso como un sembradío de maiz, y que un rollo de papel en ese momento puede cotizarse más que el Euro.

El tercer logro era ver si había qué comer y aprendí también la gran paz que da (más allá de ir a misa todos los domingos) ser previsor y llevar siempre una bolsita de cacahuates japoneses o chicharroncitos de cerdo, porque nunca sabes a qué hora comerás… o si comerás.

De ahí, todo el milagro subsecuente… después del evento... (que ya tendré ocasión de narrar) venía la gran comilona… ¡qué grande es nuestro pueblo y qué grande es la fiesta!… si vienes con la cuadrilla del torero, siempre hay gente que te abre su casa y que se siente honrada de darte de comer, con todo el lujo que lo permite su condición.

Así comí en infinidad de casas de personas que ese día conocí y que seguramente no volveré a ver, pero, que sin embargo, me brindaron toda su hospitalidad y un lugar de honor en su mesa. No olvido el exquisito manjar que fue probar su pollito en mole, con arrocito rojo y muchísimas tortillitas para llenarnos… y siempre salía una botella de Don Pedro.. que con qué gusto nos la echábamos.

Otras veces el menú consistía en barbacoa con su consomecito, que por cierto duraba la grasa una semana adherida a tu paladar…

Cualquier taquito de tripa era motivo de algarabía… siempre había tequilita, limoncitos y sal, música y amigos… que más podíamos pedir… si algo faltaba, alguien abría su cajuela ¡y listo! ¡seguía la fiesta! Sonaba la banda de pueblo, nos uníamos a la procesión del santo patrono, en fin, momentos que con nada los borro, y que con nada los substituyo.

Y entre todo esto, claro, siempre había esos personajes memorables y entrañables, que hacían posible que sucediera la fiesta y que le daban ese toque de magia y poesía. Los últimos románticos, de algunos me ocuparé en otros capítulos pertencientes a esta serie…

sábado, 13 de marzo de 2010

Lo bueno, lo malo y lo feo


Temporada Grande 2009-2010


Lo emotivo…

La despedida de Manolo Arruza, quien estuvo sereno y reposado, dejando un grato sabor a nostalgia. Para muchos, un banderillero con alternativa, para mi, un torero cumplidor que dijo adiós en una tarde ideal.

Lo que supo a poco…

Enrique Ponce sólo toreó una corrida esta temporada, la tarde inaugural. Nos quedamos con muchas ganas de volver a verlo, aunque fuera una vez más. Porque, aunque tiene muchos detractores, también tiene muchos seguidores en México, que reconocen su arte y valor.

Las esperanzas…

Fermín Spínola, demostró corazón, clase y valor.

Octavio García “El Payo”, se suma a la lista de toreros que nos están devolviendo la esperanza en la baraja nacional.

Mario Aguilar, con hechuras que dejan ver a un torero de gran clase.

José Mauricio, empeñoso y valiente.

La quietud…

Miguel Ángel Perera, quien planta firmemente las zapatillas en la arena y no quita la muleta de la cara del toro.

La precisión…

Jose Mari Manzanares demostró, además de su temple y clase, su precisión para matar a los toros con sus estupendas estocadas en esta temporada.

El Juli también tuvo lo suyo.

El alarde de facultades…

Luciendo muy atlético: El Fandi, ¡qué bonito corre pa atrás!, recorta a los toros y los torea con el cuerpo.

Nuestro gallo…

El Cejas. Siempre dando pelea sin acomplejarse ante los extranjeros. Carisma, valor, entrega y profesionalismo.

Lo Hermoso…

Pablo Hermoso de Mendoza, con su impresionante cuadra de caballos toreros. Nunca deja de sorprendernos con sus impresionantes actuaciones. Logró la mejor entrada de la temporada.

Lo de más arte…

Definitivamente… Sebastián Castella

Lo histórico…

La alternativa otorgada a Hilda Tenorio.

Lo incomprensible…

Corrida de aniversario. ¿A razón de qué ponen a Rafael Ortega, sin ningún mérito para estar presente en tan señalada fecha alternando en un mano a mano con Castella?

El conformismo…

Fernando Ochoa, como siempre, se conformó con “estar bien”…, tras tantos años de alternativa y tanto apoyo.

El egoismo…

El “Principito de Galapagar” me hizo desear con toda el alma que no vuelva a la México, ya que por su culpa, arrogancia, egoismo e ingratitud, los que no pudimos estar en la plaza, no vimos a nuestro querido y admirado Cejas.

De lo que hizo José Tomás… no lo se… no lo vi... y no me importa.

Lo triste…

El fugaz regreso de Miguel Espinoza Armillita.

La actuación de Manolo Martínez hijo.

Lo gris…

Pedro Gutiérrez “El Capea”

domingo, 7 de marzo de 2010

¡Pos esto ya se acabó!


Este domingo en la Plaza de Toros México se dio la última corrida de la temporada.

Con una malísima entrada partieron plaza Humberto Flores, Luis Bolívar y Víctor Mora, lidiando un encierro muy bien presentado de la ganadería de Barralva.


Cuidado con lo que trasmitimos.

Humberto Flores es un torero con muchos años en la lucha. Ha toreado muchísimo. Ha cortado muchas orejas. Ha hecho todo para ganarse un sitio privilegiado en las filas de las figuras del toreo. Y sin embargo, no logra conseguir ese lugar que sin duda se merece. A mi percepción, siempre ha transmitido una gran tristeza que supera todo lo demás y que opaca la labor que realiza ante los toros. También transmite una gran duda personal acerca de lo que realmente merece, y por lo tanto, nadie se lo compra. Este torero no acaba de dar el campanazo y se le va la vida a pura cornada, revolcada y corte de orejas sin mayor trascendencia.

Hace unos meses vi en un blog hermano que Humberto Flores mostraba un muñeco vestido de luces, que siempre lo acompaña a todos lados donde torea porque es su amuleto de la buena suerte. Se me hizo horrible. Como de película de miedo. Nunca se me ha hecho que su suerte haya sido tanta como para que valga la pena conservar tan aterrador amuleto. ¡A cambiarlo, hay unas patitas de conejo rete lindas que además sirven de llavero! Pero además, a tirar la tristeza y a empezar a creerse un buen torero, si no… pues no habrá más que hacer.

Luis Bolívar. Mucho se comenta que este torero es el sucesor de César Rincón, y bueno, tiene mucha técnica, poderío y valor, lo demostró en esta corrida de cerrojazo. Fue el torero que mejor librado salió este domingo. No dudo que con el paso del tiempo logre tomar el lugar de su paisano, pero hoy por hoy, existe una gran distancia para que le llamen el sucesor de César Rincón, perdón, del Maestro Rincón.

Los toros lidiados en esta corrida no fueron ninguna perita en dulce, pero cualquiera que se diga Matador de Toros, sabrá cómo sacarles el mejor provecho, para eso se decidieron por este camino y por eso la gente paga un boleto, para ver lidiar profesionalmente lo que salga por toriles.

Grisáceo fin de temporada.

domingo, 28 de febrero de 2010

El sueño de Hilda


Existe mucha distancia entre soñar y hacer realidad un sueño. Para ello se requiere preparación, tenacidad, perseverancia y una gran vocación. Pero, aún con todo esto, ninguno se realiza si no hay detrás de todo gran soñador el apoyo y la fortaleza de quien más puede amar a una persona… en este caso, sus padres.

Yo ya estaba emocionada desde que vi a Hilda en el patio de cuadrillas, estaba tratando de imaginar todo lo que ella sentía, ese momento tan intenso en el que ya no se piensa, sólo se dejan fluir los sentidos, que gracias a la acción de la adrenalina, se agudizan al máximo, percibiendo los colores más intensos, oyendo la respiración de los caballos, sintiendo hasta la más fina partícula de arena bajo las zapatillas, la banda de música se escucha claramente, pero no se puede definir cuál pieza es, aunque la hallamos oido cientos de veces… el olor a estiércol te embriaga, y ese olor, te parece increíblemente placentero, y cada vez que lo huelas, así sea en unas caballerizas o en un día de campo en La Marquesa, tu corazón dará un vuelco y desearás, aunque sea una vez más, vivir de nuevo esa sensación… bueno, yo me imagino que eso pasa… habrá que preguntarle a la matadora.

Y es que por más que queramos tratar por igual a un torero que a una torera, pues hay diferencias que se ven a simple vista, como la fragilidad física de una mujer y sus fuerzas. Los capotes, muletas y estoques pesan una enormidad, y esto se duplica cuando se siente miedo. Entonces, para una mujer, además menudita, se dificulta aún más. Y luego esos toros, sobre todo el primero ¡que alto era!

El haber logrado la alternativa en la Plaza México tiene un enorme mérito y una gran importancia. Mi enhorabuena más sincera a Hilda Tenorio y un gran reconocimiento a sus padres, quienes merecidamente han recibido el honor del brindis de alternativa de parte de su hija. Esos padres que aún con todo el miedo del mundo porque a su niña le pase algo, la apoyan. Olé por esa madre que carga su videocámara y cuyas imágenes seguramente habrán salido muy movidas por el nervio, esa madre que es la misma que la vistió en el hotel y que le hizo su colita de caballo, aún deseando que su hija estuviera ese domingo en el cine viendo una de vaqueros, en vez de estar jugándose la vida.

No sabemos a partir de este triunfo de Hilda Tenorio cómo se desarrolle su carrera, ya que los toreros son muy celosos y seguramente habrá muchos que le pongan trabas para alternar con ellos, lo que si sabemos, es que Hilda logró su sueño, tomó la alternativa en la Plaza de Toros México, pasando así, a la historia.

Que este sea sólo un ejemplo para que todo aquel que persiga algo, no deje de correr… hasta alcanzarlo.

domingo, 21 de febrero de 2010

Centauros y Otros Seres


Quizá toda leyenda mitológica parta de una visión real, en la que uno es capaz de ver seres, aparentemente imposibles.

En la decimoséptima corrida de la temporada en la Plaza de Toros México, vi jugarse la vida a un Centauro. No se si fue real, o me rebasó la emoción, pero vi a un ser, mitad hombre, mitad caballo, vi a un ser que lleva años siendo leyenda, y seguirá siendo leyenda, lo que dure la historia del toreo.

Antes de Pablo Hermoso, el arte del rejoneo era un espectáculo de relleno, donde el rejoneador toreaba un solo toro, y a la gente no le interesaba mayormente si llegaba a tiempo para verlo.

A partir de la incursión de Pablo en este arte, todo cambió. Pablo Hermoso marcó parámetros que nadie ha podido, ya no digamos superar, sino por lo menos igualar.

Hablar de este rejoneador navarro es marcar el antes y el después del rejoneo mundial. El rebasa por mucho lo que hasta el momento de su aparición se había hecho, logrando que su espectáculo sea, no sólo atractivo para aficionados a la fiesta brava, sino un espectáculo capaz de agradar a todo tipo de público por su técnica, estética y emoción.

Pablo Hermoso se une a su caballo para convertirse en un sólo ser, ese mitológico Centauro, donde una parte piensa, otra manda, otra ejecuta... y no sabremos nunca donde acaba el hombre y empieza la bestia.

La comunicación entre los dos es automática, la sensibilidad de ambos se mezcla logrando una obra en movimiento, que dura segundos, pero que conmueve a todo aquel que tiene la suerte de presenciarla. Son dos seres en perfecta comunión, que deciden invitar a danzar a un tercero, que colabora para crear sinergia con esos dos extraños seres, ¿o es sólo uno?…

Lo cierto es que resulta increíble la manera en que se puede llevar tan toreado un toro, templándolo a la distancia exacta, poniendo de carnada un cuerpo, y ese cuerpo, en un diálogo franco con su amo, encarando al toro, pero no con soberbia ni arrogancia, sino con complicidad, sin perder ni un segundo la estética y elegancia. No se van de más, ni se dejan alcanzar, todo es preciso, es increíble como se puede utilizar el cuerpo del caballo como muleta, dando los pases más templados y los trincherazos más profundos que hemos visto.

Me ha tocado la fortuna de ver a Pablo Hermoso de Mendoza en muchas tardes, y siempre me sorprende, me emociona y me conmueve, junto con sus increíbles caballos, más toreros que muchos, que hasta figura se dicen.